Diego Maradona: su último gol, de penal, contra Newell's y frente a un especialista

Septiembre del 97: Maradona celebra su último, gol, en la victoria de Boca sobre Newells por 2 a 1
Septiembre del 97: Maradona celebra su último, gol, en la victoria de Boca sobre Newells por 2 a 1 Fuente: Archivo - Crédito: EDUARDO DI BAIA / AP Photo
Alberto Cantore
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25 de noviembre de 2020  • 16:04

No fue el más impactante, tampoco el que quedó grabado en la retina de los futboleros. La estadística, fría y que no sabe de sentimientos, señala que resultó el gol 345 de la mágica aventura de Diego Maradona. El 14 de septiembre de 1997, la fecha del último grito, del pase final a la red con el pie izquierdo. La corrida para celebrar con la boca llena de gol, desde el arco del Riachuelo hasta el centro de la Bombonera, para ofrendarle la conquista a Claudia, Dalma y Gianinna, que observaban desde el palco. En el recorrido, tumultuoso y desprolijo, se entremezclaron sus compañeros y los fotógrafos que pretendían captar cada detalle, cada gesto, como si intuyeran que retratar esa tarde al Diez en una celebración era una escena histórica.

Mientras en el césped los 22 protagonistas se reacomodaron para retomar la marcha del partido, cuando el reloj indicaba 40 minutos del primer tiempo, desde las tribunas, los hinchas, enfervorizados, tributaron el regalo con un cántico que, a esa altura, pertenecía a todos: "qué de la mano, de Maradona, todos la vuelta vamos a dar".

Un nuevo sueño estaba en marcha, porque el partido correspondía a la tercera jornada del torneo Apertura 1997. Un certamen que resultó un frenético mano a mano entre Boca y River, que finalmente se quedó con la gloria por apenas un punto de diferencia: 45 unidades contra 44, después de 19 encuentros; los xeneizes apenas perdieron un juego, frente a Lanús, en la Bombonera. Aquel plantel que dirigió Héctor Bambino Veira –jean, remera verde manzana y saco oscuro, la vestimenta de aquella tarde- tiene el maldito récord de ser el subcampeón con más puntos en la era de los torneos cortos. Una campaña que en cualquier otra circunstancia hubiera finalizado en vuelta olímpica.

Grito de gol, Maradona, en el crepúsculo de su carrera, en aquel Boca del Bambino Veira
Grito de gol, Maradona, en el crepúsculo de su carrera, en aquel Boca del Bambino Veira Fuente: Archivo - Crédito: CARMELO REGNO / DYN

Como en el debut con la camiseta de Boca, Maradona ofreció su estocada final de penal. Aquella vez, el 22 de febrero, de 1981, frente a Talleres, de Córdoba; el último capítulo, ante Newell’s, el club que lo cobijó en 1993, durante un corto rodaje de cinco partidos. La jugada que decantó en el gol de Diego ante los rosarinos fue el mundo del revés: desde la banda izquierda, Martín Palermo lanzó un cambio de frente para Maradona; el vuelo de la pelota fue imperfecto, el balón picó en el área y el defensor Daniel Fagiani, en su desesperación por interceptar el pase y que el capitán xeneize no dominara y se perfilara para definir, cometió el penal, con el brazo derecho. El árbitro Rubén Pascualino se apoyó en la indicación de su asistente Páez –el mismo al que Maradona le arrojó agua cuando era entrenador de Racing, durante un clásico con Independiente- y las protestas de los futbolistas de Newell’s se multiplicaron. Sin razón, la infracción fue tan evidente como absurda.

Maradona tomó la pelota, la hizo picar alto con la mano izquierda y después de acomodarla bajo el brazo derecho enfiló rumbo al punto del penal. Enfrente tenía a un viejo conocido, a un amigo, a un arquero con el que practicó mil veces esa clase de ejecuciones y al que en algún sentido y con esos entrenamientos, convirtió en un mito, en un atajador de penales.

Imposible olvidar la tarde en la que Goycochea salvó a Diego en la definición con Yugoslavia, por los cuartos de final de la Copa del Mundo de Italia 1990. Maradona había fallado el tercer remate de la serie y en ese recorrido corto pero angustiante entre el área y la mitad de la cancha, el zarateño lo animó: "Quedate tranquilo, monstruo, que atajo los dos". El arquero cumplió al detener los disparos de Brnovic y Hazdibegic, la selección se clasificó para las semifinales del Mundial y la imagen de Goyco levantando a Maradona en brazos en el estadio Artemio Franchi, de Florencia, recorrió el planeta.

El último gol de Diego

En la transmisión de TV, el periodista Eduardo Ramenzoni relató que Goycochea le comentó que, en el caso de haber un penal, se tiraría a la izquierda. ¿La razón? En la selección, cuando Maradona le lanzaba a la derecha, el arquero adivinaba la intención y frustraba al Diez en esos divertidos exámenes que desataban. La lección de Italia 90, sin embargo, desdecía ese pronóstico: solo a Brnovic, Goycochea le detuvo sobre ese palo; a Hazdibegic y a los italianos Donadoni y Serena, en cambio, le rechazó los remates que viajaron hacia la izquierda. Diego tomó nota y no se enredó en los fantasmas de los entrenamientos. Corrió suave y acarició la pelota que, al ras del piso, entró mansa junto al poste derecho de Goyco, que eligió el sector opuesto. Boca ganaba 1-0.

Con la victoria parcial, Diego Latorre reemplazó a Maradona a falta de media hora para el desenlace. Se quitó la cinta de capitán y se la entregó a Alfredo Berti, quien se le cedió a Caniggia; saludó a la distancia al árbitro, aplaudió a los hinchas que lo ovacionaron y con gesto de insatisfacción, producto de una molestia muscular –se retiró renqueando, con el pantalón recogido en la pierna izquierda- se fue directo al túnel. Sin el Diez, el partido entró en una montaña rusa de emociones y situaciones particulares. Apenas cinco minutos pasaron de su salida y Newell’s logró el empate, mediante el uruguayo Josemir Lujambio; en la misma acción, Roberto Abbondanzieri –dio un rebote que capitalizó el charrúa para anotar- quedó lesionado y fue reemplazado por Cristian Muñoz, tercer arquero, tras la contratación de Oscar Córdoba, en julio de ese año.

Al partido le restaban 24 minutos y algunas perlas más. El debut de Guillermo Barros Schelotto, con la camiseta N°23 –la N°7, con la que hizo historia en Boca la utilizaba Julio Toresani-; el Mellizo desequilibró el marcador con un remate de derecha, después de un tiro libre frontal que lanzó sobre el área el peruano Nolberto Solano.

El retiro de Maradona estaba a la vuelta de la esquina. El hilo se cortó siete fechas después, tras ganar el superclásico en el Monumental. En el recuerdo de lo goles fantásticos, seguramente no figurará el penal contra Newell’s, aunque sin la belleza ni la importancia de muchos otros tiene el valor eterno de ser el último grito del Diez.

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