Elisa Cobanea, una atleta sin fecha de vencimiento

Foto: Diego Winitzky
Foto: Diego Winitzky
La corredora tandilense, representante olímpica en los Juegos de Sydney 2000, a los 48 años se mantiene vigente y, recuerda: "Me tuve que hacer el lugar a la fuerza"
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30 de abril de 2015  • 02:59

"Cuando ni sabía lo que significaba la palabra atletismo, comencé a correr. Las condiciones de mi vida no daban para otra cosa y a los 12 años, en una la plaza de Tandil, con motivo del Día del Niño, se organizó una carrera. Participé y gané", rememora Elisa Cobanea. Su vínculo con el atletismo se resume a la superación permanente y constante como motor para salir adelante. Sin presencia paterna, y criada por su madre y una tía, trabajó como empleada de limpieza mientras se metía de lleno en el deporte. "Desde los 11 aposté a sobrevivir. Quería vivir mejor, tener un auto, comida. La vida me hizo sobresalir, por sobre todas las cosas, porque yo lo quise. No necesité tener estudios para ir a hablar con un presidente ni viajar por el mundo. Gracias al deporte, pude hacerlo", explica mientras mira con detenimiento la pista de atletismo del polideportivo municipal de Tandil, frente al lago del Fuerte, donde hace unos minutos arribó el último corredor del Cruce Tandilia. "No sabía que se corría este fin de semana. Lo mío es la pista y la calle. No la aventura", precisa. Por un instante hace una pausa. "Lo más importante de estas carreras, de todas en realidad, es que los chicos de hoy intenten hacer algo, aunque supongan que no van a llegar a nada porque nunca se sabe hasta dónde se puede llegar. Si estás en un ambiente deportivo bueno, es muy probable que consigas buenos logros, que conozcas gente buena, que conozcas lugares lindos, que vivas situaciones intensas", reflexiona.

–¿Sentís que sos una de las mujeres precursoras del atletismo argentino?

–Por eso no dejo de correr. Mucha gente me alienta y me transmite su alegría y emoción de poder estar al lado mío y sacarse una foto. Vivo de esto, vivo del aplauso y del aliento de la gente, de la fiesta postcarrera, cuando estás cansado, pero relajado y podés contar cómo la viviste, rodeada de gente que te escucha, que te habla de igual a igual.

–Competiste en una época difícil y compleja. ¿Cómo fue tu relación con la Confederación Argentina de Atletismo?

–Yo iba con mi mochila a los evaluativos, metía la marca y me tenían que llevar de prepo. Entraba por la puerta de atrás. Tuve una mala experiencia cuando fui al mundial de maratón [por relevos, en Chiba, Jaón, en 1988] y nos correspondía un dinero para repartir entre las corredoras y se lo quedaron los dirigentes. Cuando observás esas actitudes, te desilusionás. Ni siquiera nos daban un mínimo para tomarnos un café o una gaseosa.

Cobanea, de 48 años, partició en los Juegos de Sydney 2000 y aquella cita olímpica significó la última vez que se puso la camiseta argentina. Logró la marca en 5000 metros y nadie la llamó para anunciarle que formaba parte del equipo, aun teniendo la marca establecida por la IAAF. "Empecé a llamar por teléfono a las autoridades diciendo que había hecho la marca, que estaba homologada por jueces nacionales e internacionales y que me correspondía viajar. Hice la marca y la Confederación no me notificó nada. Tuve que moverme y decirle que tenía que ir a los Juegos, no porque iba a ganarlos, sino porque había hecho la marca y me correspondía. Así es la dirigencia que tenemos. Por eso tampoco existen los controles antidoping, porque a algunos dirigentes y entrenadores no les conviene", advierte.

–¿Estos episodios te empujaron a dejar la pista y conquistar las carreras de calle?

–Exacto. Aburrida de las malas experiencias, del mal trato, de que los dirigentes no le den valor a la palabra, decidí correr para mí y que nadie me obligara a correr en tal o cual lugar. Decidí ser libre, que es lo mejor que me pudo pasar.

–Hiciste referencia al doping, que suele ser un tema tabú hasta entre los propios atletas. ¿Por qué no se habla del doping?

–Es una realidad lamentable que duele, que molesta. El deporte, en su esencia, es salud. Da vida y con el doping te la quitás. Si uno participa en carreras de calle habitualmente puede ver cómo una persona se recupera automáticamente de las lesiones y corre en el lote de punta al poco tiempo como si nada hubiera sucedido. O, peor aún, cómo bajan los tiempos en un mes. Y no es así, eso no es real. La pregunta es cómo lo logran, cómo lo consiguen porque un corredor no puede bajar 1 o 2 minutos en un mes aunque vaya una semana a entrenarse a la altura. Es una gran mentira. Al no haber controles serios, todo se torna un viva la Pepa. Las corredoras sudamericanas tenemos carne, formas, no somos keniatas. Y hoy, muchas se convierten en keniatas de un día para otro. Se quitan la grasa del cuerpo y todo eso las lleva, como en un abrir y cerrar de ojos, a correr más rápido. Causa indignación, impotencia porque los medios utilizados son completamente antideportivos. Eso no surge sólo como resultado de una metodología del entrenamiento. Hay mucho más detrás. No es gratificante que eso se torne un hábito.

Vigencia: Cobanea ostenta el récord de 15 triunfos en la tradicional y emblemática Tandilia, la prueba de su ciudad sobre un circuito de 11.111 metros

–Revisando registros comprobamos que sos la mujer que más carreras ganó en América del Sur. Estamos hablando de 1200 aproximadamente, entre ellas 14 veces la tradicional Tandilia en tu ciudad...

–¡Hace tanto tiempo que corro, hace tanto tiempo que gano! Y ahora que no gano, considero que soy una ganadora de la vida. Siempre demostré que, con convencimiento, todo es posible. A esta altura, ya estoy de vuelta en este ambiente y elijo competir para poder estar y sentirme bien. Ya no me importa ganar. El tiempo no se puede detener. Es inevitable. Soy madre, soy abuela y hoy por hoy compito porque me gusta y entreno de acuerdo con las sensaciones que me demuestra el cuerpo. No puedo entrenar como antes. Es obvio. Ahora descanso más, no me recupero tan rápido, pero como entiendo que es así, paro cuando tengo que parar. No me paso de revoluciones porque no tiene sentido hacerlo. Correr ahora es por puro placer.

–¿ Por qué no elegiste correr maratón?

– No voy a correr nunca maratón. No me interesa, no me interesa entrenar tanto. Corro contra chicas de 20 años sin saber qué edad tienen porque cuando estás en la línea de meta nadie te pregunta qué edad tenés, si sos grande o chica. Hay que correr para adelante. Era esto: correr 10k y sobresalir un poco económicamente o correr un maratón para quedar destrozada dos o tres meses. O esperar meses para correr y meter una buena marca. Yo no podía ir a pasear en un maratón, tenía que hacer una marca. Por mi evolución deportiva, debía correr bien un maratón y no defraudar.

–¿Concebís la vida sin correr?

– A veces se me agotan la cabeza y el cuerpo. Soy un ser humano y me pasan las mismas cosas que a los demás. Puedo estar dos días sin correr y enseguida tengo que retomar, porque siento que lo necesito. Cuando estoy inactiva por unos días, pienso que no soy nada, que ya no existo y, por esto, tengo que seguir. La verdad que no sé hasta cuándo voy a seguir corriendo, pero sé que no tengo fecha de vencimiento porque quien nace atleta, muere atleta. Es una elección muy fuerte que se convierte en un estilo de vida. En realdiad, los corredores nunca nos retiramos. Podremos ir más lento pero no dejamos de entrenar ni de competir. Porque es algo que está en nuestros genes.

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