Domingo Amaison, el precursor

El cordobés, pionero en la organización de carreras de calle, creador de la Media Maratón de la Ciudad de Buenos Aires, asegura: "Si los récords no se baten, no hay evolución"
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1 de julio de 2015  • 21:29

Las calles y veredas de Flores aún están humedecidas. La lluvia de la madrugada se abre ante un sol que quiere imponerse. A unas pocas cuadras de plaza Irlanda, aguarda Domingo Amaison. A paso lento, sale de su habitación, avanza unos pasos y recién ahí levanta la mirada. Saluda e invita a ponerse cómodo, al tiempo que le pide a Matías, su yerno, que no se vaya. No teme, pero los interlocutores no resultan conocidos. A los 82 años, prefiere pisar sobre seguro. Le cuesta entrar en confianza, pero con el paso de los minutos se suelta. "Cuando empecé a correr, fumaba y timbeaba. Era un pibe con pantalones cortos y tiradores. Como era menor de edad, hacíamos trampa para poder participar en las carreras", comenta al pasar, antes de tomar un largo sorbo de café. Cordobés de nacimiento, encontró en Buenos Aires un refugio para desarrollar su talento. "Un amigo que era mayor de edad, se anotaba en las competencias y me daba su número", precisa.

– ¿Cómo llega a Buenos Aires?

– Un amigo me dice que en Buenos Aires se corría la Maratón de los Barrios el último domingo de noviembre y viajé a correrla. Quedé 10mo. Esta prueba era muy difundida por la revista El Gráfico. En este viaje conocí a una familia francesa que me quería llevar a San Lorenzo. ¡A mí no me hablen de camisetas! Yo sólo quería correr. Fiché por un año para Boca, pero con una condición: correr siempre y cuando me dieran trabajo. Algo, que al final, nunca se concretó.

–¿Cómo se entrenaba?

–Intentábamos emular a Emil Zatopek –la denominada "Locomotora Humana" que ganó los 5000, 10.000 metros y la maratón en los Juegos de Helsinski 1952–. En Parque Chacabuco hacía 40 pasadas de 400 metros corriendo a 61 segundos y recuperando 40 segundos. Nadie aguantaba y me daban una mano, alternadamente, Abel Córdoba y Juan Carrizo. Fueron locuras que uno cometió sin un control adecuado. En una época llegue a correr 340 km por semana.

–En España mejora su nivel, ¿qué cambios le dio a su entrenamiento?

–A los 30 años, me fue con mi bradicardia a cuestas. En reposo tenía 21 pulsaciones, y los sistemas de entrenamiento alemanes decían que tenía que llegar a 180 en trabajos específicos. No podía llegar nunca a eso. Entonces me hicieron un estudio en Portugal y me aconsejaron hacer trabajos comprimidos y rápidos para poder recuperarme mejor. Entonces, empecé a hacer trabajos durísimos de poco volumen, pero muy explosivos.

La tapa de la revista El Gráfico de 1958
La tapa de la revista El Gráfico de 1958 Fuente: Archivo

–¿Qué le pasa cuando ve que su marca en 3000 con obstáculos (8m41s8/100) figura 6° en el ranking?

–Es lindo verse en los registros, pero eso no es bueno para el atletismo argentino. Siento que el atletismo de pista no ha mejorado absolutamente nada. Los récords están para batirse. Si los récords no se baten, no hay evolución.

–¿Por qué decide dedicarse a la organización de carreras? ¿Qué vio en el movimiento que se estaba gestando el running?

–Lo hago motivado por un viaje que hice a Estambul en 1987. Durante una cena, Fred Lebow –uno de los pioneros de la maratón de Nueva York– me pidió que organizara competencias deportivos en Buenos Aires. Y me invitó a los Estados Unidos para que me interiorizara en el asunto. Su intención era ayudarme, orientarme y capacitarme. Me llevaron a Nueva York, para que vea donde nació la maratón. Era una utopía traer una maratón a nuestro país. Con el impulso y la ayuda de Fred, nació el movimiento de las carreras en la Argentina. Ellos fueron mis garantes y mi mayor respaldo. Éste fue el inicio y lo primero que hice fue una carrera en la Feria de la Moda que salía de Sarmiento y Libertador y pasaba por Pampa y Alcorta. Reuní a 3500 personas. Al siguiente año, nació la media maratón.

–¿Por qué decide incursionar en esa distancia?

–Mi hijo, que ya no está, me sugiere crear una maratón. No sponsoreada por empresas, sino propia. Para él, si la empresa desaparecía, la carrera también. Pero maratón no quería organizar por el tema del tránsito. Entonces pensamos en una medioamaratón. En la primera edición fueron 350 personas. Al año siguiente, el movimiento empezó a crecer.

–¿Es verdad que inventó un accidente automovilístico para retrasar una largada?

–Eso fue en 1996. Había llovido una barbaridad y se largaba frente a la confitería del Golf, en Palermo. Había 3000 personas. Y antes de largar, apareció gente de la municipalidad, 40 policías, el director de tránsito… Todos querían suspender la prueba. Nosotros teníamos todos los permisos al día. Por suerte la gente ni se enteró de aquel episodio. Agarré el megáfono y avisé que tenía que postergar unos minutos la largada porque había pasado un accidente a la altura del colegio Raggio con un camión que transportaba combustible. Toda la gente aplaudía. Mientras tanto, seguía la discusión con la policía que pedía que modifiquemos el circuito.

–¿Siente que se lo reconoce por lo que generó como atleta y como pionero en la organización de carreras?

–Más allá de no ser reconocido, lo que más me afecta es que me saquen un trabajo o me roben una idea y no lo reconozcan. He sido un hombre que pensé con mi cabeza, no con la cabeza de los demás. La media maratón es una marca de Domingo Amaison por más que ya no tenga la misma pasión. Rutina

"En una época llegué a correr 340 km por semana. En Parque Chacabuco, emulábamos a Zatopek con 40 pasadas de 400 metros en 61 segundos", recuerda.

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