Peña en Salta: se construyó en 1671, casi desaparece en 2002 y hoy es un boom del norte

Fuente: LA NACION
Gabriela Origlia
(0)
1 de julio de 2019  • 10:04

SALTA.- En una tierra de peñas como esta, no es simple desmarcarse y distinguirse. La Casona del Molino lo logró sobre la base de ser un lugar de encuentro, fundamentalmente, para los salteños. Son ellos los que la terminan recomendando a los extranjeros y así, cada noche, hay fila de gente esperando para entrar. Unas 600 personas pasan por el lugar y consumen, en promedio, unas 1500 empanadas.

La casona -construida a fines del año 1671 por José Antonio Giménez Arias- fue primero un almacén de ramos generales, donde funcionaba el molino; a mediados de 1700 pasó a ser mercado artesanal, curtiembre y venta de chicha y especies y después fue parte de una estancia.

Como peña abrió a comienzos de los '90 como un emprendimiento de amigos. Mariano Lérida, Leonardo Giménez y Sebastián Escasso vendían empanadas y bebidas para financiar su propuesta de un lugar "para albergar la cultura". La gente aceptó esa idea y se terminó convirtiendo en "una verdadera peña". La crisis del 2001 y la consolidación de la calle Balcarce de la ciudad como centro de la movida salteña provocó problemas y La Casona cerró por unos meses.

La peña salteña apostó a la gente local y no a los extranjeros que "vienen de vez en cuando".
La peña salteña apostó a la gente local y no a los extranjeros que "vienen de vez en cuando". Fuente: LA NACION

Rubén Cruz, Maximiliano "Amarillo" Witte y Juan Correa decidieron continuar la apuesta en 2002. "Reabrimos con ganas de hacer cosas, de tanto andar creíamos saber lo que la gente pretendía; que busca y valora mucho la experiencia local. Salta tiene una cultura muy rica, muchos cantores, muchos poetas, había que convocarlos", cuenta a LA NACION.

Recuerda que hubo noches en los que eran "20 y también menos; pero no cedimos. Siempre todo fue 'de boca en boca', no hubo marketing ni promociones, sólo un trabajo consensuado de convencer a los salteños de que éste era su lugar y no apostar a traer extranjeros que pagaran más pero vinieran de vez en cuando".

La Casona se construyó en 1671 y aún está en pie.
La Casona se construyó en 1671 y aún está en pie. Fuente: LA NACION

Hace más de una década que lo lograron. Los extranjeros -que también son muchos- suelen mostrarse algo desorientados cuando entran y ven mesas repartidas en habitaciones llenas de fotos, con gente que va y viene con platos de empanadas, tamales, humita, locro y asado. Por supuesto que el vino salteño también dice "presente".

"Nos preguntan a dónde está el escenario -repasa Cruz-. Es hasta que se sientan y ven que todo es espontáneo, que es un lugar donde el salteño se reconoce en su medio, reconoce como propio el folklore y las comidas. Toma la guitarra y canta y otro lo sigue. Eso es una verdadera peña, un lugar de encuentro".

La Casona del Molino, además de las 1500 empanadas, prepara unas mil porciones de comidas típicas. Las noches se extienden hasta bien entrada la madrugada. Sus dueños admiten que "todos" los cantores reconocidos (de los géneros más diversos) pasaron por allí; en especial recuerdan que no solían dejar entrar a Los Huayras porque eran menores de edad.

"El trato es igual para todos; no hay VIP; hay que compartir, todos están en el mismo llano. Damos gracias de que podemos cerrar la puerta y hay cola afuera; los comienzos fueron muy complicados hasta que se transformó en un lugar místico, bien tradicional de Salta", apunta Cruz.

Reconoce que posicionarse primero entre los salteños de alguna manera los diferenció del resto: "Cuando abrimos la crisis era espantosa; no había un peso. Así que la ecuación fue 'para seguir necesitamos una clientela fija y para que pueda venir, los precios deben ser accesibles, sin cubierto, sin derecho de espectáculo. Así empezamos y así seguimos".

Los propietarios reconocen el "aporte" permanente del dueño del lugar, José "Coco" Jiménez, que pasó muchos meses sin poder cobrarles el alquiler "porque no alcanzaba para pagarle; pero siempre compartió la idea y nos bancó".

El mejor marketing para el lugar termina siendo que si un turista pregunta en la calle a dónde ir, los salteños lo sugieren. "Conseguimos que nos tenga en mente porque tiene la certeza y seguridad de que no prometemos lo que no damos; de que todo brota espontáneo y de que lo que se vive es la realidad; desde la euforia deportiva hasta los enojos por la crisis", resume Cruz.

Conforme a los criterios de

Más información

MÁS LEÍDAS DE Comunidad de negocios

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.