El más frívolo ataque a la reforma de salud de Obama

Paul Krugman
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16 de noviembre de 2014  

Mis padres tenían una pequeña casa con un patio trasero grande en el que mi madre cultivaba un hermoso jardín. Pero en algún momento mi padre miró el título de propiedad oficial que delimitaba la propiedad y quedó shockeado. Según el texto, el terreno de los Krugman no era de forma aproximadamente rectangular; era un triángulo de alrededor de 30 metros de longitud, pero de menos de un metro de ancho en la base.

Al analizarlo quedaba claro lo sucedido. Quienquiera que había escrito la descripción del terreno se había salteado una cláusula. Y por supuesto que el empleado municipal a cargo corrigió la redacción. Al fin de cuentas hubiese sido ridículo y cruel quitarles a mis padres la mayor parte de la propiedad sobre la base de una redacción desprolija, considerando que la intención de los redactores estaba perfectamente clara.

Pero ahora parece posible que la Corte Suprema pueda estar dispuesta a privar a millones de estadounidenses de servicios de salud sobre la base de un error de tipeo igualmente obvio. Y si usted cree que esta posibilidad tiene algo que ver con un razonamiento legal serio, por oposición a motivos de partidismo rabioso, tengo un pedazo de tierra largo y estrecho en el que no se puede construir nada que quizá le interese comprar.

La semana pasada la corte shockeó a muchos observadores diciendo que está dispuesta a considerar un caso que sostiene que la redacción de una cláusula de la ley de cuidados accesibles (Affordable Care Act) fija límites drásticos a los subsidios para estadounidenses que compran seguros de salud. Es una afirmación ridícula; no es sólo que de acuerdo con todo lo demás que dice la ley no hay ninguna intención de fijar tales límites, sino que se le puede preguntar a la gente que redactó la ley cuál fue su intención y no es lo que dicen los demandantes. Pero el hecho de que la demanda sea ridícula no es garantía de que no tenga éxito.

Para entender la cuestión hay que comprender la estructura de la reforma de la salud. La ley de cuidados accesibles trata de establecer una cobertura más o menos universal a través de tres "patas" políticas, todas las cuales son imprescindibles para que funcione el sistema. Primero, ya no se permite a las compañías de seguro de salud discriminar a los estadounidenses sobre la base de su historia clínica, por lo que no pueden negar la cobertura o imponer primas exorbitantes a gente con problemas de salud preexistentes. Segundo, se requiere a todos comprar un seguro, para asegurar que quien esté saludable no espere a estar enfermo para hacerlo. Finalmente, hay subsidios a los estadounidenses de más bajos ingresos para que les resulte accesible el seguro que se les requiere comprar.

Por ahora, este sistema parece estar funcionando muy bien. La inscripción está por encima de lo esperado, las primas han caído por debajo de lo previsto y más compañías de seguros están entrando en el mercado. Entonces, ¿cuál es el problema? Para recibir subsidios, los estadounidenses deben comprar seguros a través de las llamadas bolsas, mercados manejados por el estado. Estas bolsas, a su vez, adoptan dos formas. Muchos estados han decidido organizar sus propias bolsas, como Covered en California o Kynect en Kentucky. Otros estados, en cambio, se han negado a tener un rol activo en asegurar a los que no tienen seguro y optaron por bolsas manejadas por el gobierno federal.

Pero si se analiza la redacción específica que autoriza esos subsidios, podría interpretarse -si el lector es increíblemente hostil- que sólo estarán disponibles para quienes recurran a bolsas manejadas por los estados y no para quienes utilicen las bolsas federales.

Como dije, todo lo demás en la ley deja en claro que ésta no fue la intención de los redactores y en todo caso se les puede preguntar directamente y dirán que es simplemente una redacción desprolija. Lo que es más, las consecuencias para el caso de que tenga éxito la demanda serían grotescas. Estados como California que tienen sus propias bolsas no se verían afectados. Pero en lugares como Nueva Jersey, donde los políticos republicanos se negaron a asumir su rol, las primas se irían por las nubes, los individuos sanos abandonarían el sistema y la reforma de la salud entraría en agonía.

Los estados podrían evitar esta agonía creando bolsas, lo que podría no significar más que crear accesos a la bolsa federal. Pero ¿cómo llegamos a este punto?

En un tiempo esta demanda hubiera provocado una carcajada en la Corte. En cambio, ha sido aceptada en algunas cortes inferiores, con el voto favorable de la oposición republicana, y la disposición de los ministros de la Corte Suprema a estudiarla es un mal presagio.

Dejemos en claro lo que está sucediendo aquí. Los jueces que apoyan este absurdo cruel no son estúpidos; saben lo que hacen. Lo que sí son es corruptos: están dispuestos a pervertir la ley para servir a sus amos políticos. Y lo que vamos a saber en los próximos meses es hasta dónde llega la corrupción.

Traducción de Gabriel Zadunaisky

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