Política exterior, un descomunal desorden

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23 de diciembre de 2020  • 00:05

Sin orientación clara en muchos flancos y con una peligrosa ideologización en otros, la Argentina revela un rumbo errático que repele inversiones

Si uno se pregunta quién conduce hoy la política exterior argentina, la respuesta evoca aquello de "muchas manos en un plato." porque las contradicciones, el desorden y la absoluta falta de una orientación clara están a la orden del día.

Uno de los ejemplos más relevantes tiene que ver con el engorroso pantano en el que parece estar sumergido el Mercosur, cuya presidencia rotativa ejerce actualmente nuestro país. Cuesta hoy vislumbrar el rumbo consensuado por la organización, si es que lo tuviera.

El desacople político interno del Mercosur es serio en un año realmente perdido en la relación bilateral de nuestro país con Brasil, cuya política exterior poco tiene que ver con la nuestra.

Brasil lidera asimismo el Grupo de Lima, al que también pertenecemos junto con nuestros vecinos inmediatos. Desde ese grupo se denuncia claramente el autoritarismo con origen en Cuba que se ha apoderado de Venezuela. Nuestro silencio cómplice en ese espacio confirma la decisión argentina de no reconocer la verdad, haciendo así pública una vergonzante simpatía con ambos regímenes dictatoriales.

La Argentina hoy no coincide con Brasil, ni con Chile, ni con Paraguay, ni con Uruguay en sus principales posiciones de política exterior regional. Una situación absurda e inédita.

El canciller Felipe Solá tiene a su alrededor competidores evidentes que reducen su área de acción significativamente y que lo tienen sometido a una suerte de insólito despiece de su espacio natural.

La vicepresidenta Cristina Kirchner se reserva ostensiblemente para sí misma el manejo de todo lo relacionado con Cuba, Venezuela y Nicaragua. De hecho, sigue de cerca el tema de las investigaciones contra el régimen de Nicolás Maduro por las violaciones de los derechos humanos que pueden conducir al país caribeño a comparecer ante el Tribunal Penal Internacional. Pero también se guarda la última palabra en el ámbito de las relaciones bilaterales con Rusia y China. A tal punto que apresta los pormenores de un probable próximo viaje presidencial a China, en el que se consolidaría una relación cada vez más cercana y preocupante con el gigante oriental.

El embajador Jorge Argüello, por su parte, está al frente de nuestra representación en los Estados Unidos y encarna las relaciones con algunos de los principales organismos multilaterales con sede en Washington casi como si orbitara, en solitario, en su propia galaxia.

Por su parte, el ministro de Economía, Martín Guzmán, tiene una suerte de enclave propio, que gira en torno a los organismos multilaterales de crédito y al delicado tema de la deuda pública externa, aunque se ve sometido a recurrentes interferencias por parte del kirchnerismo.

El particular rompecabezas descripto conduce a una impredecibilidad operativa. Nadie discute ya que nuestro jefe del Estado ha tomado posición ideológica como un bolivariano vergonzante, tal como le achaca insistentemente Diosdado Cabello, desde Venezuela. Del mismo modo, las presiones públicas de Cristina y Máximo Kirchner de cara a las negociaciones con el FMI solo agregan más confusión a una política exterior ya de por sí errática, que desalienta la llegada de inversiones.

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