El riesgo de que el G-20 en Arabia Saudita se convierta en una farsa

Mariela Belski
Mariela Belski PARA LA NACION
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20 de octubre de 2020  • 00:33

El G-20, foro que anualmente reúne a los líderes de las economías más poderosas del mundo, este año se enmarca en un escenario controversial. En Arabia Saudita, mientras sus gobernantes intentan vender al mundo una imagen de país modernizado y progresista, decenas de mujeres permanecen privadas de su libertad por el simple hecho de reclamar igualdad de derechos ante los hombres. En ese contexto, desde Amnistía Internacional venimos denunciando que se corre el riesgo de que el evento se transforme en una farsa y, por ello, hemos decidido no ocupar espacios formales de participación social. Al mismo tiempo, reclamamos a las autoridades que liberen a las activistas encarceladas y emprendan reformas significativas de derechos humanos.

En los últimos años, el gobierno saudí ha intentado mejorar su imagen internacional destinando millones de dólares en una campaña de relaciones públicas para alentar a los Estados y a las empresas extranjeras a invertir en el país. Durante este período, adoptó una serie de reformas positivas en relación con los derechos de la mujer, como permitir que manejen un auto o que obtengan un pasaporte que les permita viajar sin el permiso de un tutor masculino. Sin embargo, muchas de las que lucharon por el reconocimiento de esos derechos siguen presas por sus manifestaciones. ¿Cómo puede tolerarse semejante contradicción?

La historia de Loujain al-Hathloul ilustra la situación que viven las mujeres defensoras de los derechos humanos en Arabia Saudita. Loujain se encuentra detenida desde hace más de dos años, junto con un grupo de destacadas activistas y defensoras de los derechos humanos. Su campaña contra la prohibición de conducir, que incluyó la publicación de videos de ella manejando, la hizo muy reconocida a nivel nacional y global. En 2014, estuvo presa durante 73 días luego de haber intentado conducir a Arabia Saudita desde los Emiratos Árabes Unidos. Fue detenida nuevamente en 2018 y pasó 3 meses incomunicada y 10 meses sin cargos ni juicio. Durante ese tiempo, fue torturada, golpeada, sumergida en el agua con descargas eléctricas, acosada sexualmente y amenazada de violación y asesinato. Actualmente, permanece en prisión a la espera de novedades judiciales. En todo el proceso, se prohibió a diplomáticos y periodistas asistir a las audiencias.

Las mujeres y las niñas siguen siendo objeto de una discriminación sistemática en la ley y en la práctica, en esferas diversas como el matrimonio, el divorcio, la herencia y la capacidad de transmitir la ciudadanía a sus hijos. Siguen estando desprotegidas frente a la violencia de género y continúan siendo detenidas y acusadas por desobedecer a sus tutores varones. A pesar del compromiso de Arabia Saudita como Estado del G-20 de poner fin a todas las formas de vulneración, el país sigue violando derechos y silenciando las voces que exigen la igualdad.

En mi rol de delegada de la Argentina en el Woman 20 (W-20) -un grupo internacional enmarcado en el G-20 que reúne entre hoy y el jueves a mujeres representantes de organizaciones no gubernamentales, emprendedoras y empresarias, entre otras- considero que la silla vacía de Amnistía Internacional y otras organizaciones de defensa de los derechos humanos debe ser un claro mensaje: no existe un debate legítimo mientras persista un proceso violentado por un Estado que censura toda libertad de expresión, criminaliza el activismo por los derechos de las mujeres y persigue, encarcela y tortura a quienes lo critican.

Las personas experimentadas en la diplomacia saben que la importancia de los acuerdos alcanzados en esta clase de foros no se registra únicamente en el documento final, sino también en los acuerdos bilaterales entre países y en el importante trabajo que ocurre alrededor de los líderes para que ciertos temas sean incorporados a la agenda, como la reducción de las brechas de inequidad entre mujeres y hombres. La lucha global por la igualdad de género tiene en Arabia Saudita uno de sus mayores retos. La presión internacional y el apoyo a las activistas saudíes serán claves para conseguir que los derechos de la mujer en ese país sean una realidad.

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