Guaidó juega una de sus últimas cartas para mantener el protagonismo político

El líder opositor venezolano, Juan Guaidó
El líder opositor venezolano, Juan Guaidó Fuente: AFP
Daniel Lozano
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12 de diciembre de 2020  • 20:10

CARACAS.- "Este país va a ser lo que hagamos de él". Juan Guaidó se jugaba hoy su penúltima carta no solo frente el gigante bolivariano, sino también contra quienes lo confrontan dentro del bloque opositor. Sabedor de semejante encrucijada, el todavía presidente encargado se echó sobre sus espaldas el peso de la consulta popular, con el apoyo explícito de solo una parte de los diputados y dirigentes de la Unidad Democrática.

Tanto fue su entusiasmo que recordó al joven diputado de los primeros meses de 2019, cuando llenó de esperanza a buena parte del país. Antes de que terminara la jornada, comenzó a cantar la victoria ante la "asistencia masiva" dentro y fuera del país. "La participación en la consulta superó con mucho el fraude que montaron el 6 de diciembre", sentenció a media tarde, en referencia a las elecciones parlamentarias del domingo pasado que había convocado el chavismo.

"La consulta popular mató al fraude parlamentario del 6-D con la participación del pueblo de Venezuela, pese a los ataques sufridos", dictaminó, por su parte, el diputado Freddy Guevara.

La consulta habría superado, según las primeras estimaciones internas, el desierto popular vivido el domingo pasado en unas elecciones que solo arrastraron entonces a las urnas al 30% del censo (datos oficiales desmentidos por la oposición y que no se pueden comprobar de forma independiente), cuando en las parlamentarias de 2015, en la histórica victoria opositora, votó el 71% del electorado. Pese a la exigua respuesta popular, el chavismo se hizo con 253 de los 277 escaños de la Asamblea.

Más allá del resultado, la convocatoria de la presidencia encargada y del Parlamento permitió que la voz de muchos se elevara otra vez pese a las agresiones e intimidación puestas en marcha por los militares de la Guardia Nacional Bolivariana y los paramilitares de los colectivos chavistas. Las fuerzas bolivarianas asustaron, repartieron golpes y desplegaron sus habituales técnicas del miedo.

Incluso oficiales de la Policía Nacional Bolivariana se pasearon por distintos puntos para comprobar cuánta gente votaba. A muchos les tocó correr para llevar sus puntos de votación a otros lugares más resguardados. Las detenciones comenzaron un día antes de la consulta.

"Nos amenazaron, pero Venezuela les dijo que no tenemos miedo", dijo Celeste Pérez, dirigente juvenil de Un Nuevo Tiempo (UNT). "Todos estos ataques están ayudando a la consulta, porque se demuestra que necesitamos ayuda internacional", insistió la exmagistrada del Tribunal Supremo Blanca Rosa Mármol, miembro del comité organizador. Esta jueza fue destituida de forma ilegal en 2015 cuando el chavismo ya preparaba su embestida contra el Parlamento elegido entonces.

El acoso del oficialismo no fue el único obstáculo para la consulta. Las distintas estrategias e intereses dentro de la oposición jugaron en contra porque algunos prefirieron mirar para otro lado y, en otros, apostaron sin disimulo por el fracaso de una consulta programada para enfrentar los pírricos resultados de las elecciones de Maduro, denunciadas como fraudulentas por la oposición y gran parte de la comunidad internacional.

Alzar la voz, esa era la proclama. Se buscaba mayor volumen que las parlamentarias fraudulentas, pero también imágenes de participación nutrida en una protesta simbólica con objetivos políticos, porque tal y como ha pasado con todas las iniciativas legislativas del Parlamento durante cinco años no fueron puestas en marcha por el régimen. Como decían los analistas políticos: recuperar la conexión con una ciudadanía que bastante tiene con sobrevivir al descalabro nacional.

Puertas adentro de la oposición, la respuesta a las preguntas de la consulta están claras: aumentar los mecanismos de presión interna y externa para llegar a la disputa de unas elecciones presidenciales y parlamentarias verdaderamente democráticas. La votación se prolongó ante el colapso de los métodos digitales. La confirmación in situ no era obligatoria para los que durante la semana ejercieron su derecho a través de la mensajería Telegram, la aplicación VOARTZ y la web creada para la consulta.

Fantasmas

Desde que el lunes se diera la salida a la votación digital, los fantasmas de casi siempre volvieron a sobrevolar entre las filas de los opositores. En el imaginario social del antichavista pervive el miedo a que el gobierno confeccione una nueva lista Tascón, el histórico apartheid social con el que chavismo persiguió a los firmantes del proceso revocatorio contra Hugo Chávez. Para votar por Telegram era necesario enviar la cédula, algo que en Venezuela produce sudores fríos a sus ciudadanos sabedores de hasta dónde puede llegar el régimen en sus represalias.

El segundo inconveniente que enfrentó la consulta también era conocido de antemano: vivir en un país con las peores estadísticas mundiales en velocidad de Internet, solo superado por Argelia y Afganistán, a lo que hay que sumar los constantes apagones eléctricos. Táchira, Barinas y Mérida fueron los estados con mayor participación, precisamente los mismos que alcanzaron mayores cotas de abstencionismo durante las parlamentarias de Maduro. "Los venezolanos no están acompañando a los políticos en los procesos que se convocan", resumió el politólogo Jesús Seguías, presidente de Datincorp.

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