Los últimos días de Trump en la Casa Blanca: cómo contienen a un presidente furioso y aislado

El presidente norteamericano Donald Trump
El presidente norteamericano Donald Trump Fuente: AFP
Jeff Mason
Matt Spetalnick
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15 de enero de 2021  • 15:42

WASHINGTON.- Los últimos días de Donald Trump en la Casa Blanca están marcados por la rabia y la agitación, dijeron múltiples fuentes. Vio algunas de las intervenciones del inicio del juicio político en el Congreso por televisión y se enfureció por las deserciones de republicanos, dijo una fuente familiarizada con la situación.

Trump ha sufrido una repentina ruptura con su vicepresidente, Mike Pence, la salida de altos asesores molestos, el abandono de un pequeño pero creciente número de legisladores republicanos, la pérdida de su apreciado megáfono en Twitter y el apuro de empresas y otros por distanciarse de él y de sus negocios.

Reuters habló con más de una docena de funcionarios de la administración Trump que tienen acceso a los detalles del cierre de su presidencia. Describieron un círculo cada vez más reducido de leales asesores que están luchando por contener a un presidente cada vez más inquieto, enfadado y aislado -que aparentemente, además sigue aferrado a afirmaciones infundadas de fraude electoral- y, al mismo tiempo, mantener la Casa Blanca en funcionamiento hasta que Joe Biden asuma el poder.

"Todos sienten que están haciendo el mejor trabajo posible para mantener todo en su lugar hasta que Biden asuma el poder", dijo un asesor de Trump a Reuters con la condición de mantenerse en el anonimato.

La Casa Blanca no quiso hacer comentarios para esta nota. El Servicio Secreto se negó a comentar sobre el supuesto deseo de Trump de marchar al Capitolio el pasado 6 de enero cuando se produjeron los disturbios.

Indultos

Si bien Trump ha dedicado tiempo a desahogarse con asesores y confidentes, un tema concreto en el que se ha centrado es cómo aplicar su poder de indulto antes de que termine su mandato, dijeron tres fuentes de la Casa Blanca.

La principal cuestión es si se concederá un perdón sin precedentes a sí mismo, además de a miembros de su familia, antes de dejar el cargo.

Aunque Trump no señaló públicamente su intención de dar un paso que algunos analistas legales dicen que podría ser ilegal, un funcionario de la Casa Blanca dijo a Reuters: "He estado esperando una medida así".

Las probabilidades de que Trump tome una decisión tan polémica pueden haberse multiplicado debido al alboroto causado por su discurso del 6 de enero, en el que instó repetidamente a sus partidarios a "luchar" por él. Algunos expertos legales dicen que esto podría exponerlo a demandas o incluso a cargos criminales.

En su alocución a la multitud, Trump sugirió varias veces que se uniría a la marcha hacia el Capitolio y apeló al menos seis veces a Pence para que "hiciera lo correcto" y se negara a certificar la victoria de Biden en el recuento formal del voto electoral en el Congreso ese día. Trump y sus colaboradores habían construido una falsa narración de que Pence, cuyo papel en el proceso de certificación era mayormente ceremonial, podía de alguna manera volcar la elección en favor de su jefe.

El discurso de Trump siguió a una exasperada conversación el mismo 6 de enero con su vicepresidente, un leal lugarteniente desde hace mucho tiempo, en la que Trump lo llamó "marica" por no estar dispuesto a anular el voto, según una fuente informada sobre el asunto. El diálogo fue reportado antes por The New York Times.

El día del mitin, Trump volvió a expresar su deseo de acompañar a sus seguidores al Capitolio. El Servicio Secreto le dijo a Trump que no podía ir con la multitud, aunque los presidentes tienen el poder de anular los planes de seguridad.

"Le explicaron que sería demasiado peligroso", dijo del Servicio Secreto una fuente familiarizada con la situación.

Así que cuando multitudes de seguidores que agitaban banderas se alejaron del lugar del acto hacia la sede el Congreso, Trump se retiró a los confines amurallados de la Casa Blanca, donde los asesores dijeron que siguió con gran atención el asalto al edificio por televisión.

Entre la multitud -que luchó contra la policía, rompió ventanas e invadió las cámaras legislativas- había individuos que agitaban banderas confederadas y llevaban ropas con insignias y lemas que defendían teorías de conspiración y creencias de supremacía blanca.

Pasarían horas antes de que Trump apareciera en un vídeo en redes sociales en respuesta a los ruegos de que dijera algo para frenar a sus partidarios. Cuando lo hizo, les dijo que los amaba y que se "fueran a casa" mientras repetía sus afirmaciones infundadas de que la elección fue amañada.

Algunos de los propios asesores de Trump se quedaron atónitos por su conducta.

"Cuando la gente está asaltando el Capitolio, se va a la sala de prensa, se hace una conferencia de prensa y se les pide que se detengan, en lugar de un video editado ocho horas más tarde", dijo un asesor que lleva largo tiempo con Trump.

DESTROZANDO LAS BARRERAS

Los disturbios del 6 de enero siguieron a una campaña de dos meses de Trump para deslegitimar las elecciones de noviembre con falsas acusaciones de fraude. Comenzó cuando lo que había prometido que sería una victoria aplastante sobre Biden, se convirtió en una derrota al contarse todos los votos por correo, que favorecieron a los demócratas.

El enfoque de Trump en las acusaciones de fraude electoral, incitado por su abogado personal Rudy Giuliani, consumió la mayor parte de sus días. Dos días después de las elecciones, dijo una fuente familiarizada con la reunión, su hija Ivanka comentó en una reunión en la Casa Blanca: "Logramos mucho y tuvimos una gran desempeño en las urnas". Un representante de Ivanka Trump no quiso a hacer comentarios.

Sin embargo, nadie en la órbita de Trump pudo convencerlo de que reconociera explícitamente la derrota y usara las semanas que le quedaban en el cargo para celebrar eventos que promocionaran los logros de los que él y sus ayudantes están orgullosos.

Los asesores pensaban que Trump podría convertirse en una poderosa fuerza en el Partido Republicano en los años venideros e incluso obtener un segundo mandato en 2024.

Ahora, su futuro político está en peligro como resultado de la violencia en el Capitolio. Si es condenado por el Senado en un juicio que tendrá lugar después de que haya dejado la Casa Blanca, Trump podría quedar impedido de ocupar un cargo federal de nuevo.

Trump vio este miércoles los procedimientos de impugnación por televisión desde la Casa Blanca, según fuentes, y se apartó solo brevemente para entregar la Medalla Nacional de las Artes a los artistas de música country Toby Keith y Ricky Skaggs.

Incluso antes de los disturbios, el estado de ánimo de Trump se había agriado cuando docenas de casos judiciales presentados por su equipo legal y representantes no lograron anular los resultados de las votaciones en los principales estados en disputa, dijo gente familiarizada con el asunto.

Los asesores que disfrutaban pasar por la Oficina Oval para comprobar cómo estaba Trump comenzaron a evitarlo para que no les diera una tarea relacionada con el fraude electoral que sabían que era imposible, dijeron tres fuentes.

Su estado de ánimo solo ha empeorado desde el asalto al Capitolio. Ha despotricado en privado por la decisión de Twitter, su medio favorito de comunicación con sus seguidores, de suspender permanentemente su cuenta con el argumento de que le preocupaba que pudiera incitar más desórdenes, dijeron dos personas familiarizadas con el asunto.

Su yerno y asesor principal Jared Kushner ayudó a evitar un intento de otros asesores para que se inscribiera en sitios de redes sociales de extrema derecha, buscando una plataforma alternativa a Twitter, argumentando que no eran el mejor formato para un presidente, dijo un funcionario del gobierno. Un representante de Kushner no quiso hacer comentarios.

Pence y Trump no hablaron durante días después de los disturbios en el Congreso. El vicepresidente tuvo que ponerse a salvo en el sótano del Capitolio después de que unos alborotadores que cantaban "Cuelguen a Mike Pence" penetraron en el edificio.

Funcionarios y exfuncionarios de la Casa Blanca dijeron que estaban horrorizados por cómo Trump trató a Pence, que ha sido un segundo constante y leal. Les dolieron las críticas del presidente y la falsa insistencia en que el vicepresidente podía intervenir para anular los resultados del Colegio Electoral. Trump tampoco llamó a Pence para saber de él durante su calvario, dijo un asesor.

El lunes, los dos hombres se reunieron a solas en el Salón Oval, probablemente tras esfuerzos y gestiones de Ivanka Trump y Kushner, según un funcionario de la Casa Blanca. Los dos salieron de la reunión de buen humor, riéndose juntos de algo. "El lenguaje corporal era bueno", dijo el funcionario.

Al día siguiente, Pence escribió a la presidenta de la Cámara de Representantes demócrata, Nancy Pelosi, informándole que no invocaría la vigésimo quinta enmienda de la Constitución de Estados Unidos para destituir al presidente por incapacidad, a pesar de la presión de los demócratas.

Éxodo de personal

Otros colaboradores no fueron tan indulgentes.

El asesor adjunto de seguridad nacional Matt Pottinger, uno de los principales de la política de Trump sobre China, renunció rápidamente en lo que dos fuentes dijeron que era un acto de protesta contra la respuesta del presidente a los disturbios. Pottinger no respondió a las peticiones de comentarios. Fue seguido por al menos otros cinco asesores de política exterior de alto nivel. La secretaria de Transporte, Elaine Chao, que está casada con el líder de la mayoría del Senado Mitch McConnell, y la secretaria de Educación, Betsy DeVos, también renunciaron en protesta.

Otros funcionarios de Trump dicen que han aguantado la respiración y se han mantenido en su puesto a pesar de la molestia por el papel de Trump en la violencia.

El asesor de seguridad nacional Robert O'Brien y el consejero de la Casa Blanca Pat Cipollone estuvieron entre los que fueron convencidos de permanecer por otros, entre ellos legisladores, exfuncionarios del gobierno y ejecutivos corporativos, dijeron cuatro fuentes familiarizadas con el asunto. La Casa Blanca no quiso hacer comentarios.

Algunos de los que permanecen en el gobierno aprovecharon la oportunidad para impulsar cambios políticos significativos antes de dejar el cargo, dijeron varias fuentes del gobierno.

El secretario de Estado, Mike Pompeo, por ejemplo, siguió adelante con medidas internacionales controvertidas, a veces sin coordinar completamente con la Casa Blanca, según dos personas familiarizadas con el asunto.

El momento en que se tomó una decisión tomó por sorpresa a algunos funcionarios del Consejo de Seguridad Nacional, dijeron las fuentes: La eliminación por parte de Pompeo de las restricciones a las interacciones del gobierno de Estados Unidos con los funcionarios de Taiwán, algo que enfureció a China. El Departamento de Estado no respondió a una solicitud de comentarios.

Otras medidas de Pompeo durante la semana pasada han incluido el regreso de Cuba a la lista estadounidense de estados que patrocinan el terrorismo y la designación del movimiento Houthi de Yemen, alineado con Irán, como una organización terrorista.

Se espera que las decisiones sobre una ronda final de indultos presidenciales ocupen gran parte de los pocos días que le quedan a Trump en el cargo.

En las últimas semanas ha suscitado controversia al perdonar a aliados condenados en la investigación por la intromisión rusa en las elecciones de 2016, a contratistas de seguridad condenados por matar a civiles iraquíes y al padre de Kushner, Charles, un promotor inmobiliario sentenciado a dos años de prisión después de declararse culpable en 2004 de evasión fiscal y otros delitos.

Trump y su familia también están expuestos legalmente, incluyendo investigaciones en Nueva York sobre impuestos y negocios.

Un funcionario de la Casa Blanca, hablando con la condición del anonimato, sugirió que el acto final de Trump como presidente podría ser un perdón preventivo para él y los miembros de su familia justo antes de que Biden preste juramento. Los indultos presidenciales se aplican solo a los delitos federales, no a las violaciones de la ley estatal.

Un autoperdón sería algo extraordinario, que nunca antes ha hecho un presidente de Estados Unidos, y abogados constitucionalistas dicen que no hay una respuesta definitiva sobre si es legal que lo haga.

Agencia Reuters

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