Retroceso. La influencia de EE.UU. en la región se diluye y la brecha crece

Rafael Mathus Ruiz
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12 de septiembre de 2020  • 19:35

WASHINGTON.- Estados Unidos y América Latina son vecinos, pero en el barrio corre la indiferencia. Por años, Washington le ha dado más cabida a la relación con algunos socios estratégicos, cercanos, como México o Colombia , pero fuera de esos vínculos con los países al sur de la frontera ha existido una brecha que se amplió durante la presidencia de Donald Trump . La región está ausente, por ahora, de la discusión de la campaña electoral que decidirá el rumbo que tome la Casa Blanca.

Las principales preocupaciones del poder político en Washington al mirar al hemisferio sonla seguridad y la creciente influencia de China, que con una estrategia clara recostada en una potente inversión en infraestructura -para muchos, incluido el gobierno de Trump, maligna- comenzó a ganar peso en la región justo cuando Estados Unidos aceleró su repliegue.

"Se remonta al 11-S. La visión del mundo de Estados Unidos cambió", recapitula Eric Farnsworth, jefe de la oficina de Washington del Consejo de las Américas. "Nos enfocamos en Medio Oriente y pusimos la atención mucho más en una agenda de seguridad y contraterrorismo. Nos preocupamos mucho más por las fronteras, y eso afectó todo, desde la inmigración hasta el comercio. Eso se hizo por razones internas, pero tuvo una consecuencia dramática para el hemisferio occidental", completa.

Desde ese momento, varios países de América Latina tomaron consciencia de que debían buscar otros canales de desarrollo y otros socios en el mundo , justo cuando China comenzó a mirar más allá de Asia . Esa ambición de Pekín llevó a la creación de la iniciativa Belt and Road , hoy, uno de los pilares centrales de la política exterior china.

"Justo en ese momento, después del 11 de Septiembre, es cuando China comienza a poner un pie en América Latina. Estas tendencias llegaron juntas", apunta Farnsworth.

George W. Bush intentó unir a la región bajo un acuerdo de libre comercio, el ALCA, pero chocó con una fuerte resistencia en una región que con la "marea rosa" había girado hacia la izquierda. Después, la distancia entre Estados Unidos y la región se estiró por algunas actitudes puntuales de Washington durante la presidencia de Trump. Farnsworth cree que faltó "sensibilidad" a las ambiciones, deseos y necesidades de la región.

La Casa Blanca dio marcha atrás con el descongelamiento de Barack Obama hacia Cuba , Trump puso el acento en China, Medio Oriente y Corea del Norte , y se olvidó de la agenda de expansión del comercio que había dominado la era de la posguerra, tanto durante gobiernos republicanos como demócratas. Por el contrario, Trump aplicó aranceles en la región a piacere según sus necesidades domésticas. Pero la indiferencia ya estaba.

"Es un fenómeno que ha ocurrido en las últimas tres administraciones. Recordemos que Obama acusó al gobierno de Bush de no prestarle suficiente atención a América Latina, y luego a Obama se lo acusó de lo mismo ", recordó Juan Carlos Hidalgo, analista político de Costa Rica , que trabajó durante varios años en Estados Unidos.

"Así como la actitud de Washington a América Latina se vuelve más hostil, o más tensa o más agria, China hace todo lo contrario. Se presenta como un socio comercial, como un socio en cooperación, y en esta crisis de la pandemia ha incurrido mucho en la 'diplomacia del barbijo' para ganar adeptos, en contraposición con Estados Unidos. Hay un contraste bastante marcado en la visión, la actitud de ambos países hacia América Latina", remarcó.

Lluvia de dólares

Desde 2005, el Banco de Desarrollo de China y Eximbank de China proporcionaron más de 137.000 millones de dólares en préstamos a países de América Latina y el Caribe y empresas estatales , según una base de datos del Diálogo Interamericano. Los principales destinos han sido Venezuela , Brasil, Ecuador y la Argentina .

El gobierno de Trump buscó dar un paso para acercar a Estados Unidos a la región con "América crece", una iniciativa del gobierno federal que busca catalizar la inversión privada en infraestructura en América Latina y el Caribe. El proyecto, un contrapeso al avance de Pekín, apunta a utilizar los recursos y la experiencia de varias agencias gubernamentales para conectar empresas con proyectos en la región. Es otro modelo: a diferencia de lo que hace China, invierten las empresas, no el Estado.

Uno de los arquitectos de la iniciativa es Mauricio Claver-Carone, el principal asesor para América Latina de Trump, que convenció al magnate de mudarse a la presidencia del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Es un quiebre: por primera vez desde la posguerra y en los 61 años de historia del BID, se romperá el pacto global de gobernanza de los organismos multilaterales que dejaba al banco en manos de América Latina. Desde el BID, Claver-Carone -hijo del exilio cubano, que alentó desde la Casa Blanca una postura dura hacia Venezuela y Cuba- intentará contrarrestar la creciente influencia de Pekín en la región. Ha prometido más capital para ayudar a la región a superar la pandemia. Algunos temen que ideologice al banco. La Argentina dijo que el BID no debía convertirse en "una herramienta de intervencionismo diplomático". Pero otros descreen de ese escenario.

"Es un asunto más bien simbólico. Lamentable, reprobable, pero más bien simbólico. El BID va a seguir haciendo lo que hace, no es que de repente va a dejar de prestarle a unos y prestarle más a otros, o que vaya a pedir condicionamientos políticos de romper relaciones con Cuba. Que eso suceda en los hechos, lo dudo mucho", dijo Jorge Castañeda, que fue canciller del gobierno de Vicente Fox en México.

Farnsworth todavía cree que el vínculo puede estrecharse a partir de una agenda de crecimiento y desarrollo. Pero Castañeda cree que la indiferencia de Estados Unidos a América Latina, y, sobre todo, a América del Sur, persistirá. Cualquier gobierno norteamericano, indica, se ocupará de las relaciones y los temas estratégicos con los países de América Central y el Caribe, pero "con América del Sur pueden ser indiferentes y no pasa nada, salvo alguna crisis, como Venezuela".

"Simplemente no importa mucho, eso es lo que termina siendo decisivo, salvo los casos específicos, por buenas o malas razones. México y Centroamérica por el narco y el tema migratorio, Venezuela por Maduro, Cuba por Cuba", dijo Castañeda.

"Pero la verdad, lo que pasa en Chile , salvo hace 50 años, no le importa mucho a Estados Unidos , o lo que pasa en la Argentina, salvo el tema de la deuda, pero tampoco intervinieron mucho, ni para bien, ni para mal", completó el excanciller.

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