Una clara conexión entre el clima de paranoia y el odio

Paul Krugman
Paul Krugman MEDIO: The New York Times
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3 de noviembre de 2018  

NUEVA YORK.- En el Estados Unidos de 2018, el whataboutism -el "ytuqueísmo" o equivalencia falsa, ese recurso retórico en el que se contraargumenta con una crítica a otra, en el que se intenta poner en la misma balanza un traspié pequeño con una maldad grave- es el último refugio de los sinvergüenzas y el "bibandismo" (afirmar que ambos bandos son igualmente buenos o malos) es el último refugio de los cobardes.

Estamos en medio de una ola de crímenes de odio. En los últimos días, varios demócratas recibieron artefactos explosivos por correo. Luego, un hombre armado masacró a 11 personas judías en una sinagoga de Pittsburgh. Estos crímenes parecen tener una clara conexión con el clima de paranoia y racismo que Donald Trump y sus aliados en el Congreso y en los medios fomentan deliberadamente.

Cuando se descubrieron los explosivos, muchos miembros de la derecha afirmaron que eran noticias falsas o una operación falsa orquestada por parte de los liberales. Sin embargo, el FBI de inmediato rastreó la supuesta fuente de los dispositivos explosivos: un simpatizante fanático de Trump. Los destinatarios eran personas a las que Trump ha atacado en varios discursos.

El hombre arrestado en la sinagoga ha sido crítico de Trump, ya que al parecer el atacante cree que el presidente no ha sido suficientemente antisemita. No obstante, su odio parece estar motivado por una teoría de conspiración que los simpatizantes de Trump han propagado de manera sistemática: financiadores judíos están trayendo gente morena a Estados Unidos para desplazar a los blancos. Resulta que esta teoría es un principio básico para los neonazis en Europa. Es de lo que nuestros propios neonazis -a quienes Trump llama "gente muy buena"- estaban hablando en Charlottesville el año pasado, cuando gritaban a coro: "Los judíos no nos reemplazarán".

También es el subtexto disimulado de la histeria fabricada sobre la caravana de migrantes potenciales de América Central. Los alarmistas no solo están pintando a un grupo de gente asustada y hambrienta que todavía está lejos de la frontera como una invasión inminente. También están insinuando que los judíos están detrás de todo esto. ¿Cómo lidian los defensores de Trump con esta fea imagen? En parte, mediante la negación, simulando no ver la conexión entre la retórica de odio y los crímenes de odio, pero también mediante el reparto de la culpa afirmando que los demócratas son igual de malos, si no es que peores. ¿Los simpatizantes de Trump tratan de asesinar a quienes lo critican? Bueno, pues, ¡algunos opositores de Trump les han gritado a políticos en restaurantes!

Este ytuqueísmo no se detiene con equiparar las protestas con la violencia. También recurre a las mentiras descaradas. La cuestión es la siguiente: los simpatizantes de Trump no son los únicos que están tratando de hacer creer que el presidente está haciendo lo mismo que todos, que los demócratas son igual de malos y también responsables en la misma medida por la explosión del odio.

Las equivalencias falsas, retratar a los partidos como simétricos incluso cuando claramente no lo son, han sido desde hace mucho la norma entre los autoproclamados centristas y algunas figuras mediáticas influyentes. Se trata de una postura que ha beneficiado enormemente al Partido Republicano, a medida que se ha vuelto cada vez más el partido de los extremistas de derecha.

Tal vez hayan pensado que los acontecimientos espeluznantes de los días recientes por fin lograrían acabar con esa norma. No obstante, si lo pensaron, están en un error. Como vemos, el bibandismo es un culto fanático inmune a las evidencias. Todos sabemos que Trump alardeó de que sus simpatizantes no lo abandonarían ni aunque le disparara a alguien en la Quinta Avenida; lo que no señaló fue que los comentaristas piadosamente atribuirían la balacera a una "falta de civismo" y que los programas de debate presentarían a los defensores del tiroteo y los escucharían de manera respetuosa.

Esto tiene que acabar y se tiene que señalar y reprender a los practicantes del bibandismo. Simular que ambos lados son igualmente culpables o atribuir la violencia política a la diseminación del odio sin señalar a los responsables de propagarlo, es una profunda cobardía.

El hecho es que un lado del espectro político está difundiendo el odio, mientras el otro no lo hace y negarse a señalarlo por miedo a sonar partidista es, en efecto, coludirse con la gente que está envenenando nuestra política y darle tranquilidad. Sí, el odio está en la boleta electoral de la semana próxima.

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