Adoptar en Argentina. Qué tan complejo es y cuáles son los requisitos

Crédito: Getty Images.
Laura Cedeira
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18 de agosto de 2020  • 10:52

La idea de que adoptar en argentina es muy complejo sobrevuela el imaginario social desde hace mucho tiempo. ¿Es real? ¿Qué opciones existen? ¿Cuáles son los requisitos? Te invitamos a despejar, juntas, algunas dudas.

Crecer rodeados de amor y contención es fundamental en la vida de todas las personas. Un abrazo, un mimo, algunos retos cuando son necesarios y la seguridad de contar con un sostén incondicional son la base de nuestra historia. Construir una familia es como armar el fuerte de tu cuento, ese espacio donde te refugiás y te sentís siempre a salvo.

Cuando tomamos la decisión de ser madres o padres, aparecen las dudas. Hoy sabemos que el camino a la maternidad y paternidad no es uno solo. Más aún cuando en las últimas décadas la conformación de las familias -por suerte y a fuerza de derribar viejos paradigmas- abrazó la diversidad y se fue flexibilizando. En ese recorrido, la posibilidad de adoptar a un niño, niña o adolescente estuvo históricamente -y todavía está- rodeada de mucha desinformación y algunos mitos sobre los que queremos poner luz.

Primero los niños

La sanción, en 2005, de la Ley 26.061 de Protección Integral de los Derechos de los Niños, Niñas y Adolescentes implica una transformación en la concepción de la infancia. A partir de esta innovación legislativa, se deja de considerar a los niños como objeto de tutela para reconocerlos como sujetos de derechos. Este cambio de enfoque los ubica en el eje de los procesos de adopción y busca hacer efectivo su derecho a vivir en una familia. En este sentido, entonces, el deseo de los adultos de ser padres es funcional al derecho del niño y es el Estado quien reconoce y gestiona esa intención.

Según datos de la Dirección Nacional del Registro Único de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos -dependiente del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación-, hasta mayo de 2020 había 3647 postulantes en todo el país. De ellos, el 89,55% está dispuesto a adoptar únicamente a un niño de hasta dos años y un 82,1% no aceptaría niños con alguna discapacidad o problema de salud. En el caso de tratarse de hasta tres hermanos, solamente el 3,56% de los inscriptos los recibiría.

Las estadísticas muestran que la mayoría de los aspirantes quiere convertirse en padres y madres de un niño muy pequeño. Es esta situación la que vuelve el proceso largo y frustrante. Entonces, para garantizar el derecho del niño a vivir en familia, es necesario generar un cambio en las representaciones sociales en torno a la adopción y centrar la mirada en ellos y en su espera, y no en el adulto. "El problema es el paradigma social instalado, los mitos y prejuicios que nos impiden pensar en la integración en la familia de un chico de 10 o 12 años, de un grupo de dos o tres hermanitos. Seguimos pensando que la adopción es el plan B a la vía biológica, cuando son formas diversas de construir y ser familia", explica Karina Leguizamón, presidenta del Consejo de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Cuando la realidad contrasta tanto con los propios deseos, tal vez sea momento de poner mucha atención en lo que atravesamos y revisar para evitar falsas expectativas. Bajándolo a números, por ejemplo, en la Ciudad de Buenos Aires, solo el 15% de los niños que esperan ser adoptados son bebés, el otro 85% tiene más de 3 años y el 60%, más de 6. Lo que ocurre en CABA se traslada al resto del país: la mayoría de los niños a quienes judicialmente se les decretó la situación de adoptabilidad no son bebés ni tienen menos de 3 años, sino que transitan su segunda infancia, pertenecen a un grupo de hermanos, tienen dificultades de salud y/o alguna discapacidad. Además, tampoco son huérfanos ni "abandonados" sino que, a partir de una denuncia por vulneración de derechos, el Estado intervino ejecutando medidas de protección y agotó primero todos los recursos para revincularlos con su familia de origen.

Para salvar esta distancia entre ilusión y realidad, los profesionales especializados en infancia sugieren que los interesados en ser familia por adopción se informen previamente, participen en grupos de apoyo y contención y asistan a charlas que trabajen las diversas aristas del proceso. La idea es reflexionar sobre las particularidades de este tipo de construcción de familia e incentivar a que se amplíe la mirada y se considere de un modo más inclusivo el acto de adoptar.

Por dónde empezar

Una vez tomada la decisión, el primer paso que hay que dar es inscribirse en el Registro Único de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos (RUAGA) correspondiente a nuestro domicilio. El trámite es gratuito, personal y no es necesario contratar un abogado para iniciarlo. Entre los requisitos están el ser mayor de 25 años, argentino o residente en el país por más de cinco años y tener una diferencia de edad con el adoptado de más de 16 años. Pueden adoptar tanto los matrimonios como ambos integrantes de una unión convivencial y/o una única persona soltera, viuda o divorciada.

Luego de completar el proceso de inscripción -que incluye la presentación de documentación, una serie de entrevistas y visitas con el objetivo de conocer en profundidad a los postulantes-, si se los declara idóneos, ingresarán automáticamente a la base nacional de registros y estarán en condiciones de ser convocados por un juzgado de cualquier punto del país. Comenzará la etapa de espera, cuya duración no está pautada de antemano, sino que depende de la situación y necesidades particulares de cada niño que aguarda una familia. A partir de la reforma a la ley de adopción en 2015, se establecen plazos más cortos en el Código Civil y Comercial para cada etapa del proceso: por ejemplo, 90 días para decretar la situación de adoptabilidad de los niños y, una vez otorgada la guarda preadoptiva e iniciada la convivencia, seis meses para realizar el juicio de adopción definitiva.

¿Puede ocurrir que personas inscriptas nunca sean convocadas? Sí, porque no existe un niño para cada postulante ni las búsquedas se ajustan a las capacidades y limitaciones para maternar y paternar expresadas por cada uno de ellos.

Otra posibilidad que ofrece el sistema para concretar la adopción son las convocatorias públicas. Estas surgen cuando ningún registro de aspirantes del país da respuesta positiva a una búsqueda de familias. En esta instancia pueden postularse tanto personas que estén inscriptas en algún registro como aquellas que no lo estén.

Por último, cuando el juez otorga la guarda a una persona o pareja, indica una etapa previa a la convivencia llamada "vinculación". Es allí donde los adultos se encontrarán con el o los niños acompañados por profesionales. La duración de este periodo dependerá tanto de las necesidades como de los deseos de los niños.

Transitar el proceso

En el periodo inicial de inscripción, evaluación y espera, puede ser beneficioso aprovechar para conocer y profundizar en las particularidades de ser familia por adopción, que, si bien comparte muchas características con la biológica, tiene algunas especificidades.

Socialmente, la construcción de un grupo familiar está pensada alrededor de la figura del bebé. Es un imaginario que nos atraviesa a todos, creemos que la crianza será más sencilla cuando el niño es muy pequeño. Esa puede ser una de las grandes frustraciones cuando se asume que no se va a ser padres por biología: no habrá embarazo ni lactancia materna, tal vez tampoco viviremos con ellos el primer día de jardín ni la primera visita al pediatra.

Otra característica de los procesos de adopción es que el niño que es adoptado nace como hijo para el adulto en un contexto diferente a aquel en el que nace un hijo biológico. Su llegada incluye a diversas personas y gestiones institucionales y, además, muchas veces, habrá que aceptar convivir con el "fantasma" de la familia de origen, reconocer que la tuvo y que en algún momento -de existir la posibilidad- tal vez quiera conocerla; aunque sea bebé o un niño muy pequeño, estará en su imaginario. También es importante prepararse para construir el relato de su historia y hablar de la adopción con naturalidad: es la forma de respetar su derecho a la identidad. Es fundamental estar dispuestos a asumir estos desafíos que se presentan durante la crianza en la infancia y adolescencia y atravesarlos. Cuando no son contemplados, el camino puede truncarse. Para que esto no ocurra, es importante estar abiertos a repensar el paradigma y reformular la disponibilidad adoptiva.

En los últimos cinco años, el número de adopciones y guardas preadoptivas en nuestro país creció: en 2015 se concretaron 462 y en 2019, 715. Es alentador porque, en definitiva, lo valioso y enriquecedor de decidir ser familia por adopción es brindarse para acompañar con amor y contención el momento en que un niño hace efectivo su derecho a ser parte de una familia..

Algunas cifras

3647 postulantes en todo el país

76,75% son dos solicitantes (matrimonios, uniones convivenciales, parejas, matrimonios igualitarios) y

23,25%, un solicitante

89,55% está dispuesto a adoptar únicamente a un niño de hasta dos años.

0,05% adoptaría a un adolescente de 16 años o más.

82,1% no aceptaría niños con alguna discapacidad o problema de salud.

3,56% recibiría hasta tres hermanos.

"Ya no concibo otra forma de maternidad"

Por Verónica OlguÍn (43), emprendedora.

Con Facundo nos casamos en 2002. Siempre tuvimos el deseo de tener hijos. Como a los dos años de buscar quedar embarazados no teníamos novedades, decidimos consultar con un médico especialista en fertilidad. Luego de un montón de estudios que nos hicimos los dos, y de varios tratamientos de baja y alta complejidad, me descubrieron una alteración cromosómica que hacía muy difícil la posibilidad de un embarazo. Cuando me enteré fue un shock.

En esa época Facu fue el primero en decirme que adoptáramos, pero las mujeres tenemos que resignar muchas cosas para poder tomar la decisión. Hasta que llega un punto en que te preguntás: "¿Yo qué quiero: un embarazo o un hijo?". Mi respuesta fue un hijo. Ahí se cerró el círculo y se abrió otro panorama. Entendí que un hijo es un hijo y se ama, no importa nada más.

Cuando uno piensa en la adopción, a veces es bastante frustrante, porque todos queremos bebés y tenemos esta cosa narcisista de que nuestro hijo se parezca a nosotros. Lo más curioso es que después se termina pareciendo, porque el vínculo es muy fuerte, aunque no lo hayas tenido en la panza.

Arrancamos los trámites en 2008, cuando no había un Registro Único de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos, y a los 9 meses nos aprobaron la carpeta. En ese momento nos inscribimos para adoptar hasta dos hermanitos de no más de cuatro años.

Dos años después, una mañana de diciembre de 2011, sonó el teléfono. Era la abogada del juzgado pidiéndonos que nos presentáramos. No nos adelantaron nada. Recuerdo que recé todo el viaje. Finalmente, el juez nos contó que Tomás, de 4 meses y medio, nos estaba esperando. No lo podíamos creer, ese mismo día lo fuimos a buscar al hogar y volvimos los tres juntos a casa. Enseguida conectamos y al poco tiempo salió el juicio de adopción.

A los dos años nos mudamos, queríamos un espacio más grande para poder tener otro hijo. De repente, en julio de 2014, nos volvieron a llamar del mismo juzgado para contarnos que Tomás tenía una hermanita de tres meses y medio que se llamaba Sabrina, que había nacido prematura y estaba internada. Nos consultaban si queríamos adoptarla porque, al ser su hermana, se le daba prioridad al vínculo para mantenerlos juntos. Por supuesto, le dijimos que sí. Como en esa época todos los registros comenzaron a digitalizarse, cuando le declaran la situación de adoptabilidad -porque su progenitora así lo decide- la ingresan con su apellido de origen y aparece Tomás en el sistema. Por eso la causa va al mismo juzgado y el juez nos convoca a nosotros primero. Finalmente, 10 días después de que nos avisaran, nuestra segunda hija llegó a la familia.

Pero la historia no termina acá. En octubre de 2015 nos avisaron que ya estaba la sentencia de adopción de Sabrina y fuimos al juzgado para retirarla. Cuando llegamos, nos sorprendieron con otra pregunta que nos cambiaría la vida: "¿Están listos para el tercero?". Facu se puso transparente, yo quedé shockeada. Fue una decisión difícil de tomar, porque tres hijos es un montón en cuanto a lo económico, al espacio. Pero era mi hijo, ¿cómo no iba a estar conmigo?, ¿cómo separarlo de sus hermanitos? Era marzo de 2016 y Maximiliano se sumaba a nuestra familia. Ahí estábamos, con un bebé de 8 meses y medio, una beba de dos años y un hijo de casi cinco años. Fue agotador, pero no me arrepiento para nada.

Nuestros hijos conocen su origen, siempre les dijimos la verdad. Con Facu decidimos respetar el nombre de nuestro hijo, porque así respetábamos su identidad, y que alguien se lo había puesto por algo.

Tal vez nuestra historia puede ser un poco idílica, pero somos la prueba de que el sistema funciona. Hay que abrirse a la adopción, es maravilloso. Yo ya no concibo otra forma de maternidad más que esta. Estoy feliz y orgullosa de los tres hijos que tenemos.

Hogares de tránsito

Allí viven los niños que fueron separados de sus familias por diferentes situaciones de vulneración de derechos y que -luego de un proceso de trabajo para revertir las causas que motivaron la institucionalización- podrán revincularse con sus familias de origen o ampliadas o se les decretará la situación de adoptabilidad.

Funcionan como un hogar donde viven y realizan todas sus actividades según sus edades: hacer la tarea, ir al colegio, invitar amigos, festejar un cumpleaños, hacer talleres de arte o deporte. Son como cualquier familia, con la particularidad de la convivencia y del sostenimiento de lo comunitario, ya que conviven entre 15 y 20 niños.

Otra posibilidad es que transiten ese tiempo de espera en el hogar de una familia inscripta en el Programa de Acogimiento Familiar del GCBA. Se trata de una opción diferente a la institucionalización que suma el beneficio de una atención personalizada en un espacio familiar.

Para inscribirse hay que completar un formulario en www.buenosaires.gob.ar/acogimiento-familiar y asistir a una reunión informativa

Expertos consultados

Karina Leguizamón. Presidenta del Consejo de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes. www.buenosaires.gob.ar/adopcion o Línea 102. Dirección Nacional del Registro Único de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos. www.argentina.gob.ar/justicia/adopcion . info@rua.jus.gov.ar . Ser Familia por Adopción s erfamiliaporadopcion.org . contacto@serfamiliaporadopcion.org

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