Cercar espacios: una estrategia para recargar fuerzas y afrontar los momentos más difíciles

Es común confundir egoísmo con estima, pero esta última es clave para cuidarnos y, luego, poder cuidar a otros. ¿Cómo? Cercando espacios de placer para después poder enfrentar las situaciones adversas
Es común confundir egoísmo con estima, pero esta última es clave para cuidarnos y, luego, poder cuidar a otros. ¿Cómo? Cercando espacios de placer para después poder enfrentar las situaciones adversas Crédito: Unsplash
Bernardo Stamateas
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17 de noviembre de 2020  • 17:25

"Al final, yo siempre ocupo el último lugar en la lista", se quejan aquellas personas que confunden estima con egoísmo. Si yo estoy sin compañía en una isla donde hay una caja de manzanas y como todas las manzanas, eso no significa que sea egoísta. En cambio, si hubiera alguien más conmigo y me comportara de ese modo, sí manifestaría una actitud egoísta.

El egoísmo es una emoción social; en tanto que la autoestima consiste en cuidarse a uno mismo, a fin de ser capaz de cuidar mejor a los demás. Cuando viajamos en avión, se nos instruye y solicita, en caso de dificultad, colocarnos primero la máscara de oxígenos los adultos y colocársela, luego, a los niños. ¿Por qué deben colocarse la máscara primero los padres y no los hijos? Porque el adulto es el encargado de cuidar al niño. Por esa razón, tiene prioridad a la hora de protegerse.

En el caso de un accidente terrestre, siempre se suele cercar el perímetro del lugar. ¿Con qué objeto? Para cuidar a los que cuidan, llámense socorristas y/o médicos. Así se evita que estos no tengan otro accidente y haya, ahora, más gente para ser atendida. En esto consiste el "cuidar al que cuida". Esta analogía deberíamos tenerla presente todos los días de nuestra vida: "Cuidarnos a nosotros mismos" para cuidar mejor a otros.

No hay que confundir estima con egoísmo, como ya mencionamos. Egoísmo es: "Creo que todas las máscaras del avión son mías y no las comparto con nadie". Y estima es: "Me cuido, me valoro, me trato bien, me ayudo, me bendigo, me ubico primero en la lista para, luego, poder compartir y ser de bendición a los demás".

En una oportunidad, un amigo me contó que tenía a su papá muy enfermo y sentía mucha tristeza cada vez que iba a visitarlo, al ver cómo se estaba deteriorando su salud. Y, por otro lado, estaba entusiasmado porque su hija se estaba por casar. Sus emociones estaban en una especie de "cortocircuito". Por un lado, estaba feliz por la boda de su hija; y, por otro lado, estaba triste por el estado en el que se encontraba su padre.

Me preguntó qué podía hacer al respecto y esta fue mi respuesta: "Cercá los espacios. Pasá tiempo con tu hija, colaborá y participá en la preparación de su casamiento. Sé feliz con ella para así cargarte de energía y después poder ir a ver a tu papá y transmitirle esperanza".

Muchas veces, cuando tenemos espacios de angustia o tristeza, solemos dejar de lado los espacios de alegría donde sentimos que fluimos. Son esos estados conocidos como "flow" (fluir, en inglés) donde realizamos actividades que amamos, que nos apasionan, y nos olvidamos del tiempo y el espacio. Puede ser practicar un pasatiempo, leer un libro, mirar una película, estar con un amigo o una amiga, compartir momentos lindos con la familia, rezar, etc.

En todas esas situaciones, lo que estamos haciendo es recargar fuerzas. Deberíamos esforzarnos para no perder esos espacios que tanto bien nos hacen y nos fortalecen, para luego dar batalla en esos otros espacios donde experimentamos dificultades, luchas, angustias y miedos. Hoy más que nunca, practiquemos el hábito de ser nuestros mejores cuidadores.

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