Claudia Villafañe merece no ser una santa

Crédito: Gentileza Telefe
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30 de noviembre de 2020  • 11:21

"Me gustaría que Claudia diga: 'Aunque estés muerto te sigo amando'"

En la necesidad enorme de romantizar la historia, la imagen salta sin solución de continuidad de aquel Diego entero de La noche del Diez, quince años atrás, a la de esta Claudia que llega corriendo a la quinta de Tigre, la que camina a paso firme y le abre paso a sus hijas en la Casa Rosada, la que organiza el funeral, la de esta Claudia que cumple y lo cuida -lo quiere- aunque esté muerto, hasta el final.

Maradona y Claudia Villafañe ya estaban divorciados hacía dos años cuando él se hizo esa autoentrevista que en estos días los medios y las redes reprodujeron al infinito, pero eso no impidió que el Diez la comprometiera en público y para la posteridad con un voto aún más exigente que el matrimonial. Consciente de su trascendencia, Diego era un Dios posesivo que le pedía a Claudia que lo amara no "hasta", sino incluso cuando la muerte los separase.

Asumimos que Diego era ese Dios que ahora lloramos, pero también que Claudia fue la santa capaz de tolerarlo. Frente a los escándalos, las adicciones, las infidelidades, los hijos extramatrimoniales, ella fue la abnegada, la discreta, la resignada, esa a la que llegaron a preguntarle en un reportaje: "¿Cómo aguantás tanto?" Aguantaba, claro, porque aguantar era lo que le habían enseñado, aguantaba "por las nenas", aguantaba porque era la mujer del máximo ídolo del más machista de todos los deportes. Aguantaba porque él "siempre volvía a casa" y ella tenía que ser casa, el lugar seguro. También vivió su propio cuento de hadas: de aquel cuarto de Fiorito que compartía con sus padres y su hermana -como recordó hace poco en Masterchef-, a protagonizar "la boda del siglo" en el Luna Park, en 1989. La ley de divorcio en la Argentina se había promulgado apenas un año antes: Claudia aguantaba porque era lo que las mujeres habían hecho desde siempre.

¿Cómo no íbamos a convertir a Claudia en una santa si es el símbolo extremo de lo que vivieron tantas mujeres de su generación? Como muchas, Claudia fue "la bruja". Al igual que a Diego, la sociedad le dio un lugar demasiado pesado, injusto: era su responsabilidad ponerle un límite al ídolo desbocado, contener ella sola esa desmesura que en la cancha fue una fiesta, ocuparse por su cuenta de desmalezar al entorno y en medio de eso criar a sus dos hijas con la mayor estabilidad posible. Sola. Dios estaba ocupado siendo Dios y también embarazando a otras mujeres, pero de ella se esperaban devoción y fidelidad incluso después de la separación.

Es el mismo papel al que el Gobierno la expuso el jueves durante el funeral, como si hubiera sido responsabilidad de ella, en pleno duelo, controlar la pasión popular de la despedida. Y entonces, de nuevo estuvo sola custodiando el cuerpo de Diego hasta el final. Como cuando pasaba las noches sobre un sillón atravesado contra la puerta, con las llaves escondidas, para que no saliera a comprar cocaína. Como cuando le rezaba a la Virgen para que no se lo llevara en aquel año nuevo del 2000.

"Mi historia es una historia de aguantar lo inaguantable, de tolerar lo intolerable y de justificar lo que no tiene justificación. Y todo en nombre del amor por quien fuera el hombre de mi vida y el padre de mis hijas", declaró Claudia en su demanda por violencia psicológica este año, cansada de callarse ante acusaciones cada vez más crueles de Diego. Ya la había tratado de ladrona en 2017, furioso por la difusión de una foto de su pareja de una década, con la que durante años evitó mostrarse en público para no ofenderlo. Todo eso quedó a un lado cuando la salud de Diego se complicó en las últimas semanas: ahí estuvo de nuevo Claudia en la Clínica Olivos para acompañarlo. Alguna vez había dicho: "Mientras lo pueda ayudar, seguiré visitándolo".

Es probable que Claudia sea una santa, pero merecería el crédito aunque no lo fuera y tiene todo el derecho del mundo a no serlo: nuestro Dios no fue ningún santo, y lo adoramos igual. Lo más probable es que Claudia sea una santa, pero merece finalmente ser apenas la Tata. La empresaria, la productora, la madre, la abuela de Benjamín y Roma. La que justo este año se permitió por primera vez un lugar de protagonismo con su participación en el programa más visto de la televisión. Lo dijo Santiago del Moro el día que murió Diego: "Acá en este programa, todas las noches, brilla ella: Claudia Villafañe".

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