Duelos: cómo hacemos para aceptar y transformar el dolor de una pérdida

El dolor que sufrimos por las pérdidas es parte de nuestra historia; convive con nosotros, sobreviene y nos provoca una transformación
El dolor que sufrimos por las pérdidas es parte de nuestra historia; convive con nosotros, sobreviene y nos provoca una transformación Crédito: Pexels: lam loi
Bernardo Stamateas
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7 de enero de 2021  • 16:45

Se calcula que a lo largo de la vida vamos a tener entre 40 y 70 pérdidas; y no solo de seres queridos, sino también otro tipo de pérdidas, tales como cambios de colegio, de trabajo, de casa, de amigos, del esquema corporal, etc.

El dolor que sufrimos por las pérdidas es parte de nuestra historia; convive con nosotros, sobreviene y nos provoca una transformación. Frente a un hecho doloroso solemos decir: "Lo tengo que superar"; sin embargo, lo que en realidad se produce es la transformación del dolor. El dolor se transforma y nos transforma. Y en este proceso sentiremos una mezcla de emociones: culpa, bronca, tristeza, alivio.

Imaginá por un instante que te dan una tarjeta que está escrita en ambos lados. En un lado dice: "Te amo, quiero que estés siempre conmigo" y, en el otro: "Cuando no estés conmigo, voy a sufrir". Ahora, supón que existe la posibilidad de elegir entre esta tarjeta y una nueva que en uno de sus lados dice: "Nunca más sufrirás en tu vida" pero, al darla vuelta, leés: "Tampoco podrás amar". Seguramente, como todos, elegirías la primera tarjeta, ya que el dolor es la expresión del amor. Así es como el dolor se transforma y nos transforma.

Cada dolor y cada duelo son únicos. No existe un libro que nos enseñe cómo debemos sentir nuestras emociones, ya que estas dependerán también del vínculo. No es lo mismo perder a un ser querido longevo que perder a un hijo; no es lo mismo perder a un ser querido que viene transitando hace mucho tiempo una enfermedad, que perderlo en medio de un robo o de un asalto. Existen multiplicidad de factores que hacen a ese dolor, o a ese camino, absolutamente distinto y único.

Te invito a analizar tres mitos o ideas equivocadas sobre el dolor:

Tengo que encontrarle una solución al dolor

El dolor no es un problema que necesite una solución, sino una emoción que debemos experimentar. Si lo percibimos como un problema, a quien lo esté transitando seguramente le diremos: "Tenés que hacer algo para olvidarte", o "Te entiendo, a mí también me pasó". No existen frases que calmen el dolor. Quien ha perdido un ser querido solo nos necesita a su lado en silencio, ya que el dolor debe ser transitado.

Tengo que superar esta etapa del dolor

El dolor no es un obstáculo, sino un camino a transitar. Una vez que lo hayamos recorrido, se agotará y nos transformará. Y para que ello ocurra, no podemos reprimirlo, sino expresarlo en el ámbito donde cada uno elija hacerlo. Cada persona lo experimentará a su manera; por eso, no debemos presionar a nadie que esté atravesando un proceso de dolor. En algunas ocasiones será un túnel muy oscuro, y nuestra ayuda será acompañar a la persona a atravesarlo.

Tengo que hallar una respuesta a la pregunta: "¿Por qué me ocurrió esto precisamente a mí?"

El dolor es una pregunta que no tiene respuesta. Si bien todos en alguna ocasión solemos preguntarnos "¿Por qué?", y alguien nos pueda dar una razón o una explicación posible, solo cuando nos determinamos a aceptar lo sucedido logramos sentirnos aliviados, y es entonces cuando ese dolor que nos aprisionaba, comienza a ceder.

Al dolor es necesario experimentarlo, "gastarlo", expresarlo, "caminarlo" hablando, escribiendo, recordando y convertirlo en un don para ayudar a otros. Si hay algo que nos iguala a todos los seres humanos es el dolor; sin embargo, cuando tenemos el coraje de mirarlo a los ojos y "dejarlo ser" en nuestra vida, seremos capaces de aceptarlo y transformarlo.

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