Pensamientos obsesivos: cómo hacemos para ponerles un freno en nuestra mente

No tenemos la intención de pensar, pero ellos aparecen de pronto y, por lo general, nos producen una gran angustia
No tenemos la intención de pensar, pero ellos aparecen de pronto y, por lo general, nos producen una gran angustia Crédito: Pexels: Andrea Piacquadio
Bernardo Stamateas
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17 de diciembre de 2020  • 18:17

Las obsesiones son ese tipo de pensamientos que surgen en nuestra mente de manera involuntaria. No tenemos la intención de pensar, pero ellos aparecen de pronto y, por lo general, nos producen una gran angustia porque suelen ser absurdos y tenemos la sensación de que no los podemos controlar.

Una persona obsesiva piensa en algo desagradable que le está sucediendo a ella misma o a un ser querido, o comienza a analizar: "Si hago esto, podría pasar aquello; pero, si no lo hago, podría pasar aquello otro también". Los pensamientos obsesivos conducen a rituales.

¿Qué es un ritual? Aquella acción que se lleva a cabo para intentar calmar la obsesión. Por ejemplo, tocar madera, acomodarse la ropa de determinada forma, chequear varias veces si cerramos las puertas o la llave de gas y cualquier otro acto que ayude a aliviar un poco ese pensamiento recurrente. El problema es que se necesitan cada vez más rituales, los cuales traerán más pensamientos obsesivos, y es ahí donde se dispara la angustia.

Cuando existe un exceso o sobrecarga de angustia, tiene lugar el pensamiento obsesivo. Como resultado, la persona analiza, analiza y analiza todo el tiempo. Es como aquel que expresa: "Voy a pintar la habitación de tal color". Luego, dice: "Voy a cambiar el piso y también voy a modificar los picaportes de las puertas". Y después, agrega: "Este mueble lo voy a reemplazar por otro que, seguramente, va a quedar mejor". El hecho es que abrió tantas "ventanas" que quedó perdido en una multiplicidad de opciones.

Muchas personas comienzan pensando y analizando un tema, y, sin darse cuenta, abren tantas ventanas de asuntos por atender que se quedan varados en el pensamiento circular. Es decir, atascados en el pensamiento ansioso que bloquea su capacidad de acción. Como aquellos alumnos universitarios que estudian sin cesar, de día y de noche, para rendir un examen final y no son capaces de hacer un alto y decir: "Hasta acá estudié; ahora voy a rendir el examen".

¿Qué podemos hacer cuando nos enfrentamos a pensamientos circulares en nuestra mente? Hay dos opciones:

  • En primer lugar, decir "basta". Podemos escribirlo en papel y colocarlo en diferentes lugares de la casa para recordar detenernos. Es uno mismo quien debe decirse "basta" y frenar este tipo de pensamiento. Necesitamos ignorar nuestra mente. No todo lo que pensamos es lo que sucederá, al igual que no todo lo que sentimos es la verdad. También podemos cambiar de posición y, por ejemplo, salir a caminar o a tomar un café. De este modo, le ponemos freno a pensamientos que no tienen significado alguno. No hay respuestas inteligentes a preguntas que no tienen sentido.
  • Lo segundo que podemos hacer para frenar este análisis obsesivo, que nos aleja de la acción, es preguntarnos: "¿Qué estoy sintiendo?". Y luego: "¿Qué tengo ganas de hacer?", y hacerlo dándonos un pequeño permiso. Así logramos conectar con la emoción, lo cual nos permitirá liberar toda esa tensión que se volcó en el pensamiento obsesivo.

Cuando aprendemos a observar nuestros pensamientos, sin juzgarlos, como si fueran nubes en el cielo, estos pierden poder sobre nosotros. Y, así como aparecieron, desaparecerán. Recordá: tus pensamientos son solo ideas y cualquier idea se puede cambiar. Ni vos ni yo somos lo que pensamos. Somos mucho más que eso.

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