Personas rígidas: cómo cultivar una mente flexible para adaptarnos a los cambios

Una mentalidad flexible, con una disposición abierta, nos transforma en un imán para atraer lo nuevo que nos saca de la zona de confort
Una mentalidad flexible, con una disposición abierta, nos transforma en un imán para atraer lo nuevo que nos saca de la zona de confort Crédito: Pexels: Polina Zimmerman
Bernardo Stamateas
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10 de diciembre de 2020  • 17:27

Muchas personas poseen una estructura rígida de pensamiento. Comúnmente decimos que son "estructurados". Como resultado, para ellos, todo es "sí o no", "blanco o negro". Podríamos representarlos con la imagen de una rama que, cuando viene un viento fuerte (un conflicto), se quiebra. Mientras que muchos otros podrían ser comparados con una caña, pues ellos, frente a una tempestad, se doblan, pero no se rompen porque son flexibles. Por consiguiente, son capaces de ver los grises, los cálidos, los templados.

Te invito a realizar el siguiente ejercicio: se deben marcar todas las cruces pasando una sola vez por ellas mediante una línea recta.

Algunos intentan hacerlo por los lados exteriores y siempre les queda la cruz del medio sin unir. ¿Qué sucede si ahora las marcamos de la siguiente manera? Veamos:

En realidad, se trataba de un cuadrado, pero cuando pensamos por fuera de esta figura, hallamos la solución. Aquel que tiene rigidez mental en demasía presenta mucha homeostasis (o autorregulación) y poca flexibilidad. Por otro lado, aquel que tiene mucha flexibilidad y solo una pequeña cantidad de homeostasis es alguien que funciona de manera caótica.

Lo ideal es lograr un balance entre homeostasis y flexibilidad. ¿Qué significa esto? Veamos:

Todos los seres humanos poseemos ciertos rasgos que nos conducen a hacer las actividades diarias de memoria, mecánicamente. Dichas acciones se convierten en rituales, como la forma en la que nos bañamos o lo que comemos a lo largo del día. Pero también contamos con un margen grande de flexibilidad que nos permite incorporar lo nuevo, lo novedoso, lo innovador.

En una oportunidad, un hombre brindó una conferencia en la que compartió "Diez reglas infalibles para criar bien a los hijos". Hasta que nació su primer hijo. Entonces llamó a dicho decálogo "Cinco sugerencias para criar bien a los hijos". Hasta que vino al mundo su segundo hijo y su conferencia pasó a titularse "Dos posibles sugerencias que tal vez puedan ayudarlo a criar bien a sus hijos". Hasta que fue padre por tercera vez. y dejó de dar conferencias.

¿Te considerás una persona rígida o flexible? ¿Qué elemento predomina en tu forma de ser? La gente rígida se quiebra con facilidad frente a las dificultades. Es por ello que, más allá de nuestro carácter, hoy más nunca necesitamos aprender a flexibilizarnos, a abrir nuestra mente, a mirar todas las situaciones desde diversos ángulos. Pues la gente flexible, por duras que sean las circunstancias, siempre encuentra más de una solución a sus problemas.

Una mentalidad flexible, con una disposición abierta, nos transforma en un imán para atraer lo nuevo que nos saca de la zona de confort. En la antigüedad, conservaban el vino en odres. Un odre era una bolsa de cuero que, cuando se secaba, perdía su flexibilidad. Esto traía como consecuencia que el vino se fermentara y, al no estirarse más el cuero, este se rompía y el líquido se derramaba. Algo similar ocurre con la mente humana. Frente a la falta de flexibilidad, perdemos nuestra capacidad de adaptarnos a los cambios que nos atraviesan.

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