Destruir a Rodríguez Larreta, el nuevo norte K

Jorge Rosales
Jorge Rosales LA NACION
Horacio Rodríguez Larreta
Horacio Rodríguez Larreta Fuente: LA NACION - Crédito: Alfredo Sabat
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5 de diciembre de 2020  • 16:35

En las horas previas a la muerte de Diego Maradona, que detuvo el reloj y cambió la agenda del país durante 48 horas, hubo un intento final de un sector de los llamados moderados de la Casa Rosada para tratar de sentar a Alberto Fernández con Horacio Rodríguez Larreta a fin de buscar una vía de salida a lo que se preveía como un choque inevitable por la quita de fondos a la Ciudad."Que hable con Wado", fue la lacónica respuesta del Presidente, cerrando toda posibilidad de entendimiento con el jefe de Gobierno porteño, el nuevo blanco de la furia kirchnerista. El camino de la confrontación azuzada por Cristina Kirchner y justificada por Fernández ya no tenía retorno. El descontrol en la Casa Rosada el día del velatorio de Maradona y las culpas lanzadas a la Ciudad hicieron lo demás para acelerar el proceso.

El argumento de los "excesos" de Mauricio Macri para beneficiar al jefe del Gobierno porteño y al distrito donde hasta los helechos tienen luces, en contraposición con las necesidades insatisfechas de la provincia de Buenos Aires, chocan con los fríos números de las transferencias de fondos de la Nación a Axel Kicillof. Con la ley de votada en Diputados que el Senado convalidará rápidamente para recortar los fondos de la coparticipación otorgados para financiar el traspaso de la Policía Federal, la Ciudad dejará de recibir este año unos 62.000 millones de pesos. Al mismo tiempo que Rodríguez Larreta engrosaba su presupuesto -para pagar las funciones de seguridad-, la provincia de Buenos Aires pasaba de percibir el 18,8% de los recursos coparticipables y discrecionales girados por la Nación hasta diciembre de 2015, a recibir el 23,2% de ese total en 2019, según datos del Ieral. Durante el gobierno de Cristina Kirchner ese índice se había mantenido prácticamente inalterable. Eran los tiempos del gobierno de Daniel Scioli, a quien el kirchnerismo menospreciaba.

¿Qué tiene que ver la quita de fondos a Rodríguez Larreta con la provincia de Buenos Aires? Los recursos que pierda la Ciudad se destinarán a pagar el aumento salarial de los policías sublevados en la provincia.

Este año, que comenzó con los ataques de Fernández a la "opulencia" de la Capital Federal y las comparaciones de la vicepresidenta de las calles de tierra del conurbano que se inundan con la construcción de un túnel en Puerto Madero para que el ruido de los camiones no moleste a los vecinos, la provincia en manos de Kicillof recibió transferencias discrecionales -por afuera de coparticipación- por 112.000 millones de pesos en los primeros ocho meses del año, que equivalen al 45,8% del total girado a las provincias por ese concepto. En 2019, cuando gobernaba Macri y se jugaba la continuidad en el poder, los envíos discrecionales al principal distrito electoral del país representaron el 19% del total para el mismo período.

Kicillof recibió transferencias discrecionales -por afuera de coparticipación- por 112.000 millones de pesos en los primeros ocho meses del año, que equivalen al 45,8% del total girado a las provincias por ese concepto

La obsesión kirchnerista por el distrito que no puede doblegar en las urnas y que permanece en manos del macrismo desde 2007 no es nueva. En 2012, con Macri al frente de la Ciudad, embistieron contra la caja del Banco Ciudad cuando impulsaron y sancionaron la llamada "Ley Conti", que le quitó la administración de los depósitos judiciales que desde 1966 se realizaban en esa entidad, y los traspasó al Banco Nación. Los depósitos judiciales representaban en el momento de sancionar la ley entre el 30% y el 40% de los depósitos totales del banco porteño. Esa norma fue declarada inconstitucional en 2017 y la entidad recuperó esos fondos.

En los años del kirchnerismo en el gobierno -entre 2003 y 2015-, se consolidó una forma de vinculación entre el poder central y las provincias basada en la caja y el látigo. Se potenció el uso de los giros discrecionales de fondos por encima de las transferencias automáticas, que tuvieron como resultado una mayor dependencia y favores políticos. Alberto Fernández, fraguado en esa matriz, no escapa al modelo. A un año de asumir, encabeza un gobierno que parece no confiar en las reglas, sino en la toma de decisiones caso por caso, lo cual abre la puerta a las discrecionalidades. Está más cómodo con esa lógica, que sirve para disciplinar, premiar y castigar a los gobernadores díscolos o potenciales adversarios. Como Rodríguez Larreta.

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