El misionero

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14 de septiembre de 2020  • 14:55

Hace 40 años, tras recibirse de ingeniero agrónomo, Alejandro Dean, argentino, misionero anglicano, se fue a vivir al Chaco salteño. Quería trabajar por los wichis, uno de los pueblos aborígenes más pobres y abandonados del país, que fue noticia este verano a raíz de la muerte de chicos de esa etnia por desnutrición. Desde entonces vive allí, con su familia, y creó la Fundación Siwok, cuyo objetivo es enseñarles agricultura familiar, la construcción de pozos de agua y el uso de riego por goteo. Días atrás, en el contexto de la pandemia, reclamó acceso a alimentos y agua para los wichis, y educación en su idioma. "En las comunidades -dijo- no entienden el concepto de alimentación saludable que se les lleva desde las ciudades [.], no entienden la importancia de la higiene o de la calidad del agua que consumen si no cuentan con ella, y muchos de ellos no tomaron un baño en sus vidas porque no pudieron hacerlo". Por estas declaraciones, antropólogos de la UBA lo calificaron de "discriminador y racista", y la provincia de Salta le quitó un subsidio a su fundación.

Dean ha consagrado su vida a los wichis, convive con ellos, lucha por ellos. Acaso la peor discriminación contra esa comunidad es condenar al que más la defiende.

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