Locos por las noticias

Nora Bär
Nora Bär LA NACION
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5 de febrero de 2021  • 00:17

Esteban Magnani inicia su Historia de la comunicación (Capital intelectual, 2008) con la conocida historia de Filípides, que en 490 a.C, después de la batalla de Maratón en la que se enfrentaron persas y griegos, corrió 42 km hasta Atenas para transmitir el resultado. La premura por hacer llegar la información radicaba en que los persas habían advertido que, si ganaban, violarían a las mujeres y sacrificarían a sus hijos; de modo que antes de partir, los griegos acordaron que si no recibían novedades antes de la siguiente puesta de sol, ellas matarían a sus hijos y se quitarían la vida (sic).

La carrera de Maratón no solo se convirtió en una de las competencias en las que se miden los atletas olímpicos, sino también en un ejemplo de la trascendencia de las noticias, que entronizan ídolos populares, construyen fortunas y derrocan imperios. Historiadores y arqueólogos encontraron rastros de cómo ya viajaban a lo largo del servicio postal del imperio romano, un sistema de comunicaciones que constituye un primitivo antecedente de la actual red global de comunicaciones.

De una forma u otra, todos somos "adictos" a las noticias. Por algo, uno de los saludos más habituales en todos los países es "¿Qué tal, qué hay de nuevo?". Hoy, estamos 24 horas por día pendientes de las novedades que nos llegan en múltiples plataformas sobre las vacunas contra el SARS-CoV-2, pero el deseo de mantenerse informado es tan antiguo como la sociedad humana, afirma Andrew Pettegree en su apasionante The Invention of News (La invención de las noticias, Yale University Press, 2014), sobre la aparición de los diarios y el mercado europeo de noticias en los cuatrocientos años que van del 1400 al 1800. Incluso antes de eso, cuenta Pettegree, en el siglo XI, dos monasterios distantes alrededor de 150 km en la campiña galesa intercambiaban mensajeros que alojababan durante una semana para compartir las novedades.

Según este autor, las noticias se volvieron un commodity en los ochenta años que fueron de 1450 a 1530, después de que se inventara la imprenta de tipos móviles. Los editores comenzaron a experimentar con nuevos formatos de libros, mucho más cortos y económicos que los textos académicos y teológicos que habían dominado el mercado en forma de manuscritos. Panfletos e impresos en tamaño sábana "crearon la oportunidad de transformar el apetito por las noticias en un mercado de masas". El primer diario habría surgido en 1605, cuando a un comerciante de papeles alemán se le ocurrió que podría mecanizar su newsletter. En las siguientes tres décadas surgieron emprendimientos similares en 20 ciudades de ese país.

En la Edad Media, las noticias eran una prerrogativa de los poderosos, pero ya hacia el final del siglo XVIII esas publicaciones no solo ofrecían un relato diario de los eventos en desarrollo sino que a su vez influían en los acontecimientos que iban escribiendo la historia.

Entre los múltiples datos coloridos que recorre Pettegree hay algunos particularmente curiosos. Uno de ellos es que en épocas medievales reinaba una profunda sospecha de la información que llegaba por escrito. Al contrario: una noticia ganaba credibilidad a partir de la reputación de la persona que la entregaba. Por otro lado, era problemático reunir información fidedigna, porque quienes las llevaban buscaban obtener influencia política, ganar terreno en un mercado fluctuante, apoyaban a uno u otro protagonista de las luchas del momento. Establecer su veracidad era un problema. "El mercado noticioso hervía de reportes conflictivos, algunos increíbles, otros demasiado plausibles para ser ciertos... Las vidas, fortunas e incluso el destino de reinos dependía de tener la información correcta. [Por eso] los gobernantes pagaban sumas ingentes por la primicia, pero con frecuencia esperaban una segunda o tercera versión antes de actuar", comenta el autor.

Suena conocido, ¿no? Pasan las revoluciones tecnológicas, pero las noticias falaces (o, como se las llama hoy, fake news) siguen confundiendo...

Por: Nora Bär

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