Rezar y esperar

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5 de julio de 2020  • 00:00

"Rezo por lo mejor, me preparo para lo peor".

(De Kristalina Georgieva, del FMI, respecto de la Argentina.)

Ya lo dijeron muchos. No es nuevo. Al FMI le falta épica. Es demasiado racional. Presta y después pretende que el país deudor le pague lo prestado, comprometiéndose a bajar el déficit y la inflación. ¡Qué va! Es inadmisible que Kristalina Georgieva, directora gerente del Fondo, se haya puesto a rezar respecto del futuro económico de la Argentina.

A nosotros no nos van a correr con plazos ni vencimientos ni recomendaciones. Tenemos principios: los fondos son buitres, la seguridad jurídica es un concepto horrible, la inseguridad callejera es una sensación y a los pobres no se los cuenta porque se los estigmatiza.

¿Y por qué entonces la Argentina ya adelantó al FMI que va a pedirle un programa, como dijo Kristalina? Muy sencillo: para que el FMI tenga algo en qué ocuparse, para que siga creyendo que "proporciona respaldo financiero a los países afectados por crisis con el fin de darles margen de maniobra para implementar políticas de ajuste orientadas a restablecer la estabilidad y el crecimiento económico", como dice su página oficial.

A no equivocarse. Si vamos a recurrir al Fondo, al que detestamos, es para darle cátedra de épica, como hace el kirchnerismo. Que tomen nota:

Gracias a que en la Argentina hay un Estado presente, estamos todos encerrados para no salir a requerir al Estado lo que el Estado no puede dar.

Gracias a que ganó Alberto, la pandemia no es un desastre como si le hubiera caído al neoliberalismo (al de Macri, no al de Menem).

Gracias a las intervenciones de Vicentin y del dólar recuperaremos la soberanía alimentaria y financiera y, si nos lo proponemos, también la de las Malvinas.

Gracias a un "error de cálculo", tenemos 2500 camas sin usar en Tecnópolis.

Gracias a Aerolíneas volvieron del exterior los compatriotas que no se dieron cuenta de que, como venía la mano, era mejor no volver.

Gracias a Ginés, los runners dejaron de correr, no por temor a contagiase, sino como "gesto" hacia los Estados sedentarios e hipertensos.

Gracias a la máquina de imprimir billetes, duplicamos el gasto público.

Gracias a Berni, la cuarentena tiene un poco de acción.

Que no nos corran con que de esta vamos a salir mejores o peores. Que agradezcan que vayamos a salir.

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