¡Viva la Matria!

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5 de febrero de 2021  • 20:14

"Es una discusión falaz decir que la educación debe ser un servicio esencial".

(Del ministro Nicolás Trotta.)

Hemos vivido en el engaño durante décadas, qué digo décadas: ¡siglos! Día a día se van corriendo los velos de la mentira (no importa si la mentira carece de velos: suena poético). Algo hay que hacer para no dejar morir la musa. Nos hemos pasado años cantando "honor y gratitud al gran Sarmiento" y resulta que no fue él quien creó los guardapolvos blancos, como nos pretendió inculcar Alberto. Qué desilusión. Cabe preguntarse entonces: ¿habrá sido la lucha su vida y su elemento?; ¿la fatiga, su descanso y calma?; ¿la niñez, su ilusión y su contento? Terribles dudas nos ha plantado este revisionismo pérfido. ¿Cómo soportar esta caída en el pozo sin fondo de la historia?

Si no fuera porque, para pasar menos tiempo preso, a Boudou le sirvió estudiar la diferencia entre el polo negativo y el positivo de una pila, aprender qué cable cortar para no quedarse pegado y dónde poner el disyuntor para que la organización de un evento le salga pipí cucú y él pueda filosofar tranquilo mientras hackea el sistema de base de datos de la Casa de Moneda, habría que darle toda la razón al ministro Nicolás Trotta cuando dice que es falaz la discusión sobre si la educación debe ser un servicio esencial.

Es cierto. No es esencial y, para muchos funcionarios y sindicalistas, entre otras almas bellas, ni siquiera es un servicio. Se ha perdido la épica, dinamitaron la epopeya.

Absorber conocimientos pasa hoy por otro lado. Por ejemplo, por la inauguración de un cartel. Ocurrió en Puerto Pirámides, Chubut, donde el intendente Fabián Gandon, de Cambiemos, junto a media docena de funcionarios locales y nacionales, se fotografió frente al letrero que indica que restan 80 kilómetros para llegar a destino desde ese mojón de la ruta nacional 3. Jean Piaget ya no descansa en paz.

Hay más: en Mendoza, una joven recién egresada planteó en su momento a las autoridades universitarias que no se sentía cómoda con la fórmula del juramento de práctica, que jurar por la Patria le hacía "muchísimo ruido", que se necesitaba resaltar el protagonismo de las mujeres en la historia. Fue entonces cuando el decano de la Facultad de Artes y Diseño accedió a preguntarle: "¿Jura por la Matria y su honor". "Sí, juro", bramó la chica, vía Zoom. A lo que el docente agregó: "Si así no lo hiciere, que la Matria y su honor se lo demanden".

Chau, Sarmiento. Estás out.¿A quién se le ocurre luchar por la Patria con la espada y con la pluma? Hoy la gesta se define con palabras.

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