Christine Lagarde: frontal y partidaria de la austeridad fiscal

Luisa Corradini
Luisa Corradini LA NACION
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3 de julio de 2019  

Tras ocho años al frente del Fondo Monetario Internacional , que la convirtieron en una rock-star de las finanzas planetarias, Christine Lagarde será la futura presidenta del Banco Central Europeo (BCE) . Pero su nombramiento no tiene nada de anodino. A pesar de su excelente reputación, la actual directora gerente del FMI no es economista y tampoco estuvo nunca al frente de un banco central.

Sin embargo, después de meses de tironeo la solución parece satisfacer a todo el mundo. A los conservadores europeos, porque ella misma es conservadora. A los alemanes, por la misma razón y porque Lagarde siempre fue partidaria de la seriedad presupuestaria. Por otra parte, su nombramiento para suceder al italiano Mario Draghi otorga la inesperada oportunidad a Francia de ubicar a un francés al frente de la principal institución financiera europea.

"El verdadero poder es el del BCE", afirma Jean-Dominique Giuliani, presidente de la Fundación Robert Schuman. "Es ahí donde suceden la cosas serias", agrega.

Estos últimos años, la acción de Mario Draghi fue determinante para la unión de los países miembros de la UE. Y el papel del BCE se anuncia aún más importante en el futuro, cuando todos predicen una inminente recesión mundial.

Incluso la canciller alemana Angela Merkel ve con buenos ojos la llegada al BCE de la ministra de Economía del expresidente Nicolas Sarkozy. Desde hace una década, Christine Lagarde (63 años) mantiene una reputación irreprochable. Abogada de formación, con una carrera en el terreno privado -sobre todo en Estados Unidos- y desconocida del gran público, asumió aquel ministerio poco antes de la crisis de las hipotecas subprimes en 2007 y se afirmó rápidamente como un valor seguro del gobierno del primer ministro François Fillon. En 2009 fue incluso designada como el mejor ministro de Finanzas de la zona euro por el periódico The Financial Times.

Su llegada al cargo máximo del FMI, en 2011, cuando todos esperaban a un economista para suceder a otro francés, Dominique Strauss-Kahn, también fue una sorpresa. Sin embargo, su inexperiencia en las grandes instituciones multilaterales no le impidió ser reconfirmada en su puesto en 2016, con un balance más bien favorable.

Para el BCE es justamente esa inexperiencia lo que señalan los escépticos. Los tres primeros presidentes de la institución (Wim Duisenberg, Jean-Claude Trichet y Mario Draghi) habían pasado por los bancos centrales de sus países.

Pero en las negociaciones europeas no es el perfil técnico el que importa, sino el político. "El interés que representa Lagarde es que es a la vez francesa y un poco anglosajona", analiza Giuliani.

Su principal fuerza es, justamente, su capacidad de adaptación y de aprendizaje, aun al precio de algunos traspiés. En Francia, nadie olvida sus gaffes cuando apenas llegó al Ministerio de Economía. Por ejemplo, cuando evocó la activación de un "plan de rigor" y obligó al primer ministro a tratar de apagar el incendio social. En 2012, en plena crisis entre la UE y Grecia, llamó a los griegos a "pagar sus impuestos", desencadenando un escándalo europeo.

Formada en la empresa privada estadounidense, Lagarde suele emplear un lenguaje "franco" para algunos, "torpe" para otros. Una espontaneidad que no condice necesariamente con los discretos salones y los austeros modales del BCE. En ocasión de las larguísimas y técnicas conferencias de prensa de la institución, cada palabra es escrutada y detallada por los mercados, que reaccionan de inmediato.

"Si comprendieron lo que acabo de decir es porque me expresé mal", solía bromear Alan Greenspan, cuando era el presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) y se tomaba el trabajo de enredar los mensajes para evitar una sobrerreacción de los mercados.

En el cargo superexpuesto que la espera, Christine Lagarde seguramente no tendrá tiempo para aprender. Pero ese tipo de instituciones no reposa únicamente en una persona. Una cosa es segura, la futura exdirectora del FMI se tomará el trabajo de rodearse de la gente necesaria para salir airosa de este nuevo desafío.

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