Luis Majul: "Alberto Fernández renueva su pacto de impunidad con Cristina Kirchner"

Luis Majul
Luis Majul LA NACION
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25 de noviembre de 2020  • 00:23

  • Desesperado por recomponer el vínculo con Cristina Fernández, el Presidente hizo el domingo algo muy grave: no solo ignoró la división de poderes; directamente embistió contra la Ley del Arrepentido, que fue votada, por unanimidad, el 20 de octubre del año 2016.
  • Fernández sentenció, muy enojado, y sobreactuado, que la Ley del Arrepentido, en la Argentina, solo había servido para perseguir a opositores.

  • La Argentina es un país de memoria muy corta. El proyecto se convirtió en ley hace apenas cuatro años, en octubre de 2016. Fue enviado por el Poder Ejecutivo, pero ampliado, consensuado y mejorado por el líder del Frente Renovador, Sergio Massa, con el activo apoyo de Graciela Caamaño, y el voto afirmativo de figuras que hoy hacen mutis por el foro, como la titular del Inadi, Victoria Donda.

  • Su recorrido fue largo, y muy conversado. Se discutió y aprobó primero en Diputados, en julio de 2016. En septiembre se debatió en el Senado y recibió una modificación clave: el límite para realizar la declaración, justo antes del comienzo de la elevación a juicio oral. Pero en octubre del mismo año, se terminó de aprobar en Diputados, con el aplauso cerrado de todos los presentes.
  • Y solo para que quede registro: hasta el impresentable de Rodolfo Tailhade, del entonces llamado Frente para la Victoria, se mostró de acuerdo, después de que le aprobaran un par de modificaciones.
  • En ese momento el actual presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, lo calificó como un "gran paso en la lucha contra la corrupción". La del arrepentido era, y a nuestro entender sigue siendo, una herramienta muy valiosa y legítima para lograr condenas en casos de corrupción política.

  • Hasta su aprobación, solo se utilizaba para casos de narcotráfico, trata y privación ilegítima de la libertad. La figura del arrepentido, en el mundo, sirvió para acusar y condenar a mafiosos expertos en lograr impunidad, como los grandes capos de la Cosa Nostra, en Italia.
  • Alberto Fernández, quien se caracteriza por cambiar de opinión depende la época, las circunstancias, el periodista que le pregunte o los acuerdos que haya pactado, empezó a criticar la figura del arrepentido después de que Cristina lo ungió como candidato a presidente.
  • Los arrepentidos o imputados colaboradores fueron determinantes en las causas más escandalosas de corrupción que involucran a poderosos empresarios y exfuncionarios kirchneristas, como:
  • Los Cuadernos de la Corrupción y la ruta del dinero k.
  • Testimonios de imputados colaboradores sirvieron para condenar, por ejemplo, a Carolina Pochetti, la viuda de Daniel Muñoz, y sus cómplices.

  • En ese juicio, que llevó adelante de manera impecable el juez Claudio Bonadío, se probó que Muñoz, exsecretario privado de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández, desde 2003 hasta 2009, había lavado 70 millones de dólares en el exterior y 130 millones de dólares dentro de la Argentina. Repito: un total de 200 millones de dólares.
  • Víctor Manzanares, el contador del matrimonio Kirchner, quien se autoinculpó y confesó que le ayudó a Daniel Muñoz lavar gran parte de ese dinero mal habido, es uno de los arrepentidos más importantes, a los que ahora el Presidente quiere tirar por la ventana.
  • Por declaraciones bajo juramento como las de Leonardo Fariña es que Lázaro Báez fue procesado, condenado y encarcelado. Su testimonio sirvió para probar que Báez había lavado por lo menos 60 millones de dólares sobre un patrimonio total estimado en 250 millones de dólares.
  • También sirvió para comprender que eso era parte del botín que Lázaro obtuvo gracias al direccionamiento de las licitaciones de Vialidad, que en su momento implicaron obras por más de 1.300 millones de dólares. Fariña declaró después de que se conociera esta tremenda imagen de gente contando plata negra. Entre otros, el hijo de Lázaro Báez, Martín Báez, quien todavía está preso en la cárcel de Ezeiza.

  • Lo mismo se puede decir del chofer de los cuadernos de las coimas,Oscar Centeno. Sus escritos, pero en especial, su confesión, fueron determinantes para reconstruir todo el circuito en el que poderosos hombres de negocios entregaban dinero en efectivo, negro, al valijero de Néstor y Cristina, Roberto Baratta, entre otros funcionarios.
  • Pero Centeno, al igual que Fariña, Manzanares y otros, no solo aportaron su chamuyo. Tuvieron que ratificar cada uno de sus dichos con otras pruebas, y con declaraciones de otros funcionarios y otros imputados colaboradores, que corroboraron los hechos, detalle por detalle.
  • Prestá atención al calibre de los arrepentidos en la causa Cuadernos. Pensá que después de cada declaración, sus abogados convalidaron, con su firma, cada una de las confesiones. Se arrepintió Angelo Calcaterra, primo de Mauricio Macri. Él reconoció que hizo pagos en negro a exfuncionarios del gobierno kirchnerista.
  • Se autoinculpó Carlos Warner, expresidente de la Cámara Argentina de la Construcción. Involucró a Cristina Fernández, a Julio De Vido, a Barata y a José López, el que arrojó los bolsos con nueve millones de dólares por encima del paredón del monasterio de General Rodríguez. ¿Te acordás?
  • Pero para argumentar que Alberto Fernández está equivocado, y mucho, no hace falta más que leer la ley. Más precisamente el artículo que dice que toda confesión debe ser comprobada y ratificada con otras pruebas y que una confesión falaz o mentirosa implica una pena desde cuatro años hasta los diez años.
  • Devaluado de Presidente a abogado defensor de su vice, Alberto Fernández se aferra a su eventual indulgencia y también a la vacuna temprana, para no seguir perdiendo apoyo dentro y fuera del Frente de Todos. Pero él ya debería saberlo: se puede mentir u ocultar la verdad, un poco, a una determinada cantidad de gente, por un tiempo.
  • No a todos los argentinos, todo el tiempo, una y otra vez.

Por: Luis Majul

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