Marcelo Martínez de Giorgi, un tiempista de la Justicia que busca una nueva reencarnación

Marcelo Martínez de Giorgi (centro), en una foto de hace dos años junto a Ariel Lijo y al fallecido Claudio Bonadio; su intento de identificar una fuente periodística en el caso Cuadernos despertó duras críticas
Marcelo Martínez de Giorgi (centro), en una foto de hace dos años junto a Ariel Lijo y al fallecido Claudio Bonadio; su intento de identificar una fuente periodística en el caso Cuadernos despertó duras críticas
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6 de diciembre de 2020  • 11:02

Marcelo Martínez De Giorgi va, ya, por su segunda o tercera encarnación. A los 54 años y con más de tres décadas en el Poder Judicial de la Nación, algunos podrían decir que es un funcionario judicial arquetípico, pero no. O sí, según el prisma con que se mire.

Cordial y medido, Martínez De Giorgi extrema su bajo perfil. Prefiere que sean otros los jueces de Comodoro Py que atraen los flashes y la atención de los periodistas. Evitar los focos le permite trabajar a su ritmo y fiel a su estilo tiempista, prudente. Un objetivo que le costó sostener en los últimos días con la repercusión que tuvo su decisión, a pedido de un acusado en el caso de los Cuadernos, de reclamar registros fílmicos de la zona donde el periodista Diego Cabot se habría encontrado con una fuente.

Sus talentos le permitieron llegar lejos. Mucho más lejos que la mayoría de los colegas con los que gastó suelas y compartió años en los tribunales. Aunque a su paso también dejó heridos, que le enrostran ciertas movidas. Pero él avanza. Ahora su objetivo ideal es doble: llegar a la Cámara Federal y evitar convertirse en un obstáculo para que su esposa llegue al Juzgado Federal de Hurlingham.

Egresado de la Universidad John Kennedy en 1990, los memoriosos recuerdan que para entonces llevaba 5 años en el Juzgado de Sentencia "V" y que en 1992 pasó a trabajar como secretario para Horacio Cattani, uno de los más respetados del fuero, en la Sala II de la Cámara Federal.

Fueron tiempos, aquellos, en que la Sala II se ganó el mote de la "sala independiente" del poder político. Por sus fallos y por la conducta de sus integrantes. Y allí fue donde Martínez De Giorgi se granjeó buena fama. "Era estudioso, callado, honesto, laburador. Cattani se apoyaba mucho en él", rememoró un funcionario judicial que lo conoce de esos años.

Martínez de Giorgi, en una presentación ante el Consejo de la Magistratura
Martínez de Giorgi, en una presentación ante el Consejo de la Magistratura Fuente: LA NACION

Algo, sin embargo, se rompió entre él y Cattani tras la renuncia de Jorge Urso al Juzgado Federal N° 8. A Martínez De Giorgi le atraía acceder a esa subrogancia, pero necesitaba méritos propios y padrinos de peso, algo que Cattani no vio con buenos ojos. Pero él, tras 14 años en la Cámara, avanzó igual. Comenzaba su primera reencarnación.

De Cattani a Stiuso

Junto a Cattani dicen que la relación entre ambos nunca volvió a ser la misma. Que le reprochó que buscara la bendición o la ayuda de Antonio "Jaime" Stiuso y las redes de los hermanos Lijo. Es decir, de Ariel, a quien conocía de sus tiempos comunes como empleados de la Cámara, y de Alfredo, "Freddy", el operador judicial de aceitada relación con el kirchnerismo y, en particular, con el entonces ministro Julio de Vido.

Junto a Martínez de Giorgi, sin embargo, lo niegan. Admiten que hubo "chisporroteos" con Cattani y con el también camarista de la sala II, Martin Irurzun, pero que con el tiempo recompusieron el diálogo. En cuanto a los Lijo, se conocen, sí, desde hace décadas, pero de allí a padrinazgo. Eso es otro cantar, retrucan.

La cuestión es que Martínez De Giorgi se quedó con la subrogancia del Juzgado 8. Y dos años después, también tomó las riendas del Juzgado 2, vacante cuando su titular, Jorge Ballestero, ascendió a camarista. Recién en 2012 -concurso 140 del Consejo de la Magistratura mediante-, Martínez De Giorgi asumió como juez titular del Juzgado 8.

La causa "Oncca" fue, según sus críticos, el expediente que le valió su Juzgado. Porque Ricardo Echegaray parecía estar contra las cuerdas en aquella investigación, pero salió indemne. Mérito de su defensor, León Arslanian, también de buena relación con Martínez De Giorgi, que también cultivó su diálogo con el entonces presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti. Acaso por eso, faltó a la primera apertura del año judicial que quedó a cargo del nuevo titular de la Corte, Carlos Ronsenkrantz, en marzo de 2019.

Ya al frente del Juzgado 8 tomó algunas decisiones fuertes. Aunque siempre muy atento a los tiempos y el contexto. Lo mismo, al tomar la subrogancia del Juzgado 5, tras la renuncia de Norberto Oyarbide. Y, ahora, con el Juzgado 11, debido a la muerte de Claudio Bonadio.

¿Un ejemplo de su tiempismo, según sus críticos? A cargo de la causa "Sueños Compartidos" desde 2011, la investigación por el presunto desvío de fondos del Ministerio de Planificación Federal a través de la Fundación Madres de Plaza de Mayo, recién en junio de 2016, tras el cambio de gobierno, citó a indagatoria a más de 40 imputados. A Hebe de Bonafini la indagó, pero fue él hasta su casa, para terminar con las especulaciones porque ella se negaba a ir a Tribunales.

De parentezcos y Justicia

Otros dos expedientes, generaron más ruido a su alrededor. ¿El primero? El sobreseimiento del entonces camarista Eduardo Freiler -jefe directo de su esposa- en la causa por presunto enriquecimiento ilícito. ¿El segundo? Una de las investigaciones por el capítulo argentino del "Lava Jato": el contrato por el soterramiento del tren Sarmiento, con Angelo Calcaterra, primo dilecto del entonces presidente Mauricio Macri, como acusado. Su desempeño en esa instrucción -en rigor, su inacción- le valió durísimos reproches de la Cámara. Pero esa causa también registró un episodio insólito: un arrepentido que se arrepintió de haberse arrepentido. ¿Por qué? Porque Martínez De Giorgi tomó una decisión que borró la motivación central por la que ese testaferro de Ricardo Jaime quería confesar.

Junto al magistrado, sin embargo, consideran injustas esas críticas, al igual que la polvareda que levantó durante los últimos días al ordenar medidas para identificar una fuente anónima de Diego Cabot. "Se malinterpretó lo que quisimos hacer", cuentan a su lado, del mismo modo que lamentan las "conjeturas" que nacen alrededor de sus decisiones como magistrado y el futuro laboral de su esposa, Ana María Juan.

"Es muy injusto y desnuda hasta una cuestión de género, como si ella careciera de méritos para estar donde está", son, palabras más, palabras menos, la respuesta de De Giorgi cuando le preguntan por ella. ¿Por qué? Porque ella figura primera en la terna para el Juzgado Federal de Hurlingham, e integra la terna para otro en Lomas Zamora. "Ella tiene formación académica, tiene trayectoria y compitió como cualquier en los concursos del Consejo. Si Marcelo es algo en todo esto, es un 'ancla'", dicen a su lado. ¿Qué quiere decir? "Que los decisores políticos están pendientes de lo que él hace o deja de hacer para cargárselo a ella", abundan.

Simpatizante de Boca Juniors, buen zaguero izquierdo que se quedó sin proyección con la suma de los años y de los kilos, devenido golfista espantoso, según admite a quien le pregunte, Martínez De Giorgi pugna por ser camarista. Pero quedó octavo en el orden de mérito, con una sola vacante disponible dadas las últimas movidas políticas y judiciales alrededor de esa Cámara. Va por otra reencarnación.

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