Norberto Padilla: un humanista religioso que proyectó en la vida el reflejo de sus valores

Crédito: https://aica.org/
José Claudio Escribano
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19 de junio de 2020  • 00:00

Cuando, ayer por la mañana, comenzó a difundirse la noticia de que acababa de fallecer Norberto Padilla, los ecos se centraron en la autenticidad de su persona. Esa repercusión, dolorosa sin duda, podría resumirse en las líneas que escribió entre los pares el excanciller Adalberto Rodríguez Giavarini: "Pocas personas en mi vida me mostraron tan bien lo que es el amor al prójimo. Su vida fue reflejo inequívoco de sus valores y creencias".

El espíritu profundamente religioso de este catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad Católica Argentina se replicaba con naturalidad en cada una de sus palabras, en cada uno de sus gestos. Los sentimientos morales y políticos que profesó se aunaban en una conducta desde todo punto de vista irreprochable. A tal punto gravitaban en la proyección de su personalidad la bonhomía del carácter, la rectitud del comportamiento en la vida privada y en larga vida pública de su actuación y la propensión a una sociabilidad tanto o más afectuosa que cortés que por momentos relegaban una condición cada vez más rara de encontrar en la Argentina contemporánea. Sobre todo, Norberto Padilla era un humanista en quien se concertaban por igual el conocimiento y el agrado por el derecho, por la literatura clásica, por la historia, por la filosofía o por la música. Incursionaba con igual versación en una tertulia tanto sobre cuestiones dinásticas de la vieja Europa como sobre episodios de la guerra de secesión de los Estados Unidos, tan puesta de moda en las últimas semanas.

Los cofrades de Padilla en el Consejo de Redacción de la revista Criterio, expresión de alto valor intelectual de un catolicismo de miras amplias, lo recuerdan del siguiente modo. Entrando en las reuniones de los martes, destinadas a elaborar el sumario del número siguiente en gestación, mientras tarareaba el aria de una ópera del repertorio inmenso que gratificaba su sensibilidad de melómano.

Fue subsecretario de Culto durante el ministerio de Guido Di Tella en el gobierno de Carlos Menem y secretario de Estado en aquella área en el ministerio de Rodríguez Giavarini y la presidencia de Fernando de la Rúa. Le cupo participar en la elaboración del digesto que sistematiza todos los puntos concernientes a la relación bilateral argentina con el Vaticano. Lo hizo en consulta con un conjunto de expertos representativos de diversas corrientes religiosas que más tarde conformarían, incluido el mismo, el Consejo Argentino para la Libertad Religiosa.

Padilla conoció como pocos a los obispos de las últimas generaciones, y eso explica la confianza con la cual el Episcopado lo llamó con frecuencia en consulta. Había trabajado incansablemente por el diálogo ecuménico con las otras religiones cristianas y en el diálogo interreligioso con otras religiones. Ha muerto sin que todavía se haya zanjado definitivamente la delicada cuestión de cuál es el espacio natural que corresponde, en relación con esos dos andariveles, a una relación fecunda con el judaísmo, presente, después de todo, en las raíces mismas del cristianismo. En ese sentido, los católicos pierden un vocero intelectual de notables vínculos personales con los dirigentes de los principales credos en la Argentina.

Fue asesor de Fernando de la Rúa, a quien lo ligaba una estrecha amistad, en los años en que aquel presidía la Comisión de Asuntos Constitucionales del Senado. Padilla militaba en el radicalismo. ¿Podría preguntarse qué hacía un hombre de su formación, hijo de una tradicional familia tucumana, en el partido en que por muchas generaciones se han expresado con fuerza los sentimientos laicistas?

Tal vez quepan tres respuestas, conciliables unas con las otras. La primera es que el radicalismo es a su vez hijo de la Revolución del Noventa, en cuya gestación influyó el pensamiento católico de la época. La segunda es que Hipólito Yrigoyen, el gran caudillo y presidente radical, cultivó invariablemente relaciones inmejorables con la Iglesia Católica, lo que derivaría en que siempre hubiera núcleos católicos activos en el partido. Y la tercera es que Padilla tenía profundas convicciones republicanas y valoraba la defensa que la UCR había hecho en todo tiempo en favor de las libertades públicas y de los derechos y garantías individuales.

Norberto Padilla tuvo destacada actuación en el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI) en los temas de su especialidad. Presidía desde 2018 el Consorcio Latinoamericano de Libertad Religiosa. Era miembro de número de la Academia Nacional de Ciencias Políticas y Morales.

Estaba casado con una mujer de sólida versación también en cuestiones teológicas, Gloria Williams, con quien tuvo siete hijos; entre ellos, dos religiosas. Había nacido en Mar del Plata el 6 de febrero de 1944.

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