Procuración: una sola movida con dos objetivos simultáneos

Jorge Liotti
Jorge Liotti LA NACION
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24 de octubre de 2020  • 03:56

El kirchnerismo activó sorpresivamente esta semana una nueva vía para lograr una vieja obsesión: reemplazar a Eduardo Casal, un procurador interino que quedó de la época del macrismo, su déficit de origen. El proceso disparado en el Senado implicó un apresuramiento frente a lo que era el camino natural, más largo y tedioso, que representaba esperar el resultado de la comisión asesora en materia judicial, rebautizada "comisión Beraldi", por la presencia del abogado de Cristina Kirchner.

Los 11 especialistas que la integran empezaron la discusión justamente por el Ministerio Público Fiscal, pero fueron y vinieron varias veces respecto del número necesario para nombrar al procurador (también sobre el plazo de duración de su mandato). Al principió pareció que quedaba todo como está hoy, es decir, el requerimiento de los dos tercios del total de miembros del Senado, pero después volvió a emerger la idea de flexibilizar ese piso para llevarlo a dos tercios de los presentes o directamente a mayoría simple.

Las ambigüedades en ese debate, sumadas al tiempo que insumiría el proceso de presentación del informe de la comisión, más los plazos del Gobierno hasta traducirlo en un proyecto de ley, es uno de los motivos que estuvo detrás de la activación de la discusión en el Senado.

Pero algunos hombres que entienden de las internas judiciales del oficialismo también marcan otro dato clave: el juez Daniel Rafecas es el candidato del presidente Alberto Fernández a ocupar la Procuración en el lugar de Casal, pese a que su pliego está congelado en el Senado porque no cuenta con el apoyo de los dos tercios. Rafecas ya dijo públicamente que él no piensa asumir si se flexibiliza el umbral de votos necesarios para nombrarlo, porque considera que sería una maniobra institucional que lo dejaría manchado desde el origen.

En el kirchnerismo duro, cuya última terminal es la vicepresidenta, varias veces dejaron trascender que preferirían un perfil distinto para la tarea del procurador. Quizás alguien más comprometido con la mirada de ese espacio, como en su momento fue Alejandra Gils Carbó.

En consecuencia, si avanza en el Senado la idea de flexibilizar el piso necesario para nombrar al procurador podrían lograr dos objetivos con el mismo movimiento. Por un lado, desplazar definitivamente a Casal; y por el otro, correr naturalmente a Rafecas.

Los memoriosos aún recuerdan que el kirchnerismo recurrió a una estrategia similar cuando en 2012 propuso para la Procuración a Daniel Reposo, quien quedó marcado por falsear su currículum. La jugada, resistida por la oposición, derivó en la verdadera apuesta de Cristina: la designación de Gils Carbó.

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